El FMI chafa los brotes que intuye el Gobierno

Casi todos los gobiernos tienden a ver el futuro inmediato esperanzador, vislumbran “brotes verdes” de recuperación a cada recesión. El gobierno Sánchez se apunta a esa visión y su vicepresidenta para la economía lo anuncia en el Congreso, ve esos brotes como hace una década su antecesora Elena Salgado les intuyó meses antes de la segunda recesión, la de 2011. Con esto no sostengo que la ministra Calviño tenga un sueño o espejismo con los dichosos brotes, porque los datos objetivos, a la fecha, solo reconocen que estamos metidos en el túnel de la mayor recesión de la historia, que el trimestre actual (el segundo) será el peor, sin parangón con todos los anteriores.

Es lógico que así sea; la hibernación no tiene precedentes y ha supuesto paralizar (a cero) casi un tercio de aportación a la renta nacional. Sectores completos como el turismo, la hostelería, la industria de bienes de consumo duradero… han cerrado y han paralizado los contratos laborales de más de tres millones de personas, el 15% de la población activa. Además otro millón de autónomos se quedaron sin actividad.

El desconfinamiento que empezó a principios de mes y que supone también descongelación del tejido productivo es real, a lo largo de mayo medio millón de los contratos suspendidos se reactivaron y según estimaciones oficiales otro millón se recupera este mes. Son los datos que sustentan los brotes que intuye el gobierno.

Pero para que los brotes progresen y se conviertan en frutos falta por reactivar otro millón y medio de contratos. No solo eso, también se requiere que duren, que la recuperación permita alcanzar los niveles de actividad previos a la pandemia y a la hibernación. Y nada avala que la recuperación vaya a ser consistente y continuada.

En estas cavilaciones andamos cuando el FMI revisa sus estimaciones sobre el desempeño económico de los países empeorando las referencias para España e Italia, los dos países más castigados por la pandemia, y muy probablemente los que peor la han gestionado a la vista de los datos. El FMI estima que el PIB español va a retroceder este años más del 12% y que el próximo recupera menos de la mitad de lo perdido hasta ahora. De manera que para recuperar el nivel de actividad de 2019 hay que colocarse en el 2022 o más lejos.

Nada apunta hacia una estrategia oficia de reconocimiento de una crisis severa, la tentación es vender expectativas favorables aun a riesgo de generar decepción. Además es viable achacar las malas noticias al maldito virus, sobre todo si los medios son propicios a la benevolencia, incluso a achacar los problemas a la herencia recibida, a los llamados recortes que es un tópico confortable.

En medios no oficiales, los que no están condicionados por la política y la ideología claman por recuperar los consensos que sustentaron las primeras décadas de la democracia. Pero eso significa una rectificación de la estrategia de todos los partidos, y más en concreto0 del gobierno que es el que marca el paso y lleva a batuta. Deseable serían los acuerdos de alto alcance y amplia base pero esos deseos no tienen visos de concretarse. El FMI ha puesto en solfa la tesis de los brotes inmediatos, pero eso no va a cambiar el enfoque, la política tiene otra visión.