Margarita Robles, ¿baluarte o verso suelto?

Margarita Robles es uno de los tres miembros de la magistratura que se sientan en el Consejo de Ministros; muchos jueces incluso para el Gobierno más multitudinario de la democracia. Los jueces son de una pasta especial, la función crea hábito y la judicial produce un tipo singular de personas, quizá antes de llegar a la judicatura son gente singular, dispuestos a juzgar, a aplicar la ley, a resolver dilemas difíciles e imponer (o liberar) de las penas que imponen las sentencias.

Ejercer de juez supone una disciplina que poco tiene que ver con las artes de la política que son coyunturales, lábiles y ambiguas, que se resuelven con cálculo de porcentajes de oportunidad. Al juez se le obedece, por la cuenta que trae al afectado, a un político se le discute o se le evita o se le interpreta según vaya la corriente dominante. Por eso los jueces metidos a políticos pasan por dificultades y, antes o después, generan problemas tácticos. El mejor ejemplo es el de Marlaska, su carácter de juez de instrucción favorece el ejercicio de la autoridad pero complica el de la persuasión y la sutileza. Llega a un charco y pisa, no lo evita. En estas horas Marlaska es víctima de su preparación y de su carácter. Veremos hasta dónde llega la corriente que le arrastra.

Más juez que Marlaska es Margarita Robles, aunque su trayectoria goza de tránsitos por la política que han añadido flexibilidad y astucia a su comportamiento político. Margarita tiene carácter fuerte; lo ha necesitado a lo largo de toda su carrera. Discutir con ella incluye riesgos. El cargo que le otorgó Pedro Sánchez va bien a su estilo y, a estas alturas, es uno de los miembros del gobierno mejor valorado y con más autonomía sin disponer de posición y parroquia en el partido o en el ámbito territorial. Su fortaleza es propia, por ser vos quien soy.

Estos días (y antes) Margarita ha marcado posición propia y algo heterodoxa, ha fijado territorio y criterio para colocarse al margen del caso Marlaska y de la defensa corporativa y cerrada del gabinete. Nadie la puede acusar de deslealtad, pero tampoco de seguimiento mostrenco del argumentario oficial.

¿Qué significa Margarita Robles en el Gobierno? Un verso suelto, un miembro con discurso propio (que suelen aparecer en todos los gobiernos) que va por libre y a contracorriente. O es un baluarte del Presidente y del Gobierno que amplía su campo de influencia y el territorio ocupado. Sánchez, como casi todos los jefes de Gobierno, utiliza la ambigüedad cuando le conviene; disponer de dos o tres voces alternativas en el gobierno puede irle bien si no desestabiliza su liderazgo. Gestionar jueces no es tarea fácil, y Sánchez debe estar percibiéndolo. No le interesa ahora decidir entre uno u otra, de libro es bascular, resistir y tratar de pasar página y tapar las brechas. Margarita Robles es un verso suelto, no es previsible, aunque siempre ha sido leal; también es un baluarte, la mejor valorada, incluso la que atesora más capital político para concitar confianza.