Vamos a contar mentiras… es gratis

El divorcio entre política y ética (y estética) es notorio, ni siquiera es noticia, se acepta como que el pulpo sea animal de compañía. No hacer honor a los acuerdos, convertidos en papel mojado en cuestión de horas, resulta tolerable; no atenerse a los hechos y sustituirlos por alternativas descaradas forma parte de la política práctica. Se excusan con patrañas e inventan historias. Dos casos de estos días:

Primero Marlaska que ha dado explicaciones en ambas sedes parlamentarias y en la Moncloa que no se corresponden con la realidad; ha ocultado información y motivación en el cese del coronel de la Guardia Civil, asumiendo un coste personal del que, quizá, no es consciente porque está imbuido del sentimiento de tener razón y derecho o se trata de un fulero (falso, embustero, chapucero). Cualquiera de las dos opciones es mala. Pudiera ser que simplemente esté encubriendo a la directora de la Guardia Civil, pero no es probable a la vista de la documentación disponible, que el Ministro no estuviera al tanto de toda la peripecia. Además arrastra al Gobierno a cerrar filas con el Ministro porque entre la resistencia y la verdad, eligen la primera.

Segundo, el consejo de Enagás. Una buena empresa, bien gestionada, con un Presidente y un equipo directivo profesional que se pliega a los manejos de los gobiernos para repartir viáticos (subvenciones personales) y bufandas (gratificaciones extraordinarias) a la hora de componer un consejo excesivo en número y corto en méritos. El problema no es la puerta giratoria que se puede defender con argumentos, el agujero está en las mentiras.

El Presidente del Gobierno dijo que la designación de los nuevos consejeros de Enagás fue decisión de la SEPI que tiene un 5% de la compañía. Pero la SEPI ya tiene, y de sobra, los consejeros que le corresponden. Desde la compañía atribuyeron los nombramientos a la propuesta de la comisión correspondiente avalada por una compañía especializada en búsqueda de directivos. Todo puede ser cierto, se puede documentar o amañar, pero aparenta más falso que las monedas de madera.

¿Alguien se cree que en una lista larga de profesionales idóneos para ampliar el consejo de administración de Enagás aparecería alguno de los tres elegidos? Sería más educado, sincero y decente decir que se les nombra porque el Gobierno (o el partido o sus aledaños) lo han pedido y una empresa regulada no puede negarse a semejante solicitud-orden. El resto de accionistas, incluidos los fondos de inversión más exigentes (en teoría) con el buen gobierno corporativo no dirán nada y votarán a favor de los designados por el interés de la compañía que no debe indisponerse con las autoridades. Pero la realidad es lo que parece, una puerta giratoria abusiva al modo en el que la entendían Sánchez e Iglesias como indeseable cuando estaban en la oposición.

Son los viejos modos del antiguo régimen, asimilados por los que hacen ostentación de lo contrario. Además creen que no importa, que la incoherencia y la mentira no tienen coste, que tienen derecho por ser vos quien sois.