¿Merecen estos diputados el 71 de la Constitución?

El cruce de críticas entre los diputados por Madrid, Iglesias y Álvarez de Toledo. ha sido lo menos ejemplar y lo más estéril de las recientes sesiones del Congreso. Un lamentable espectáculo al servicio de la nada por más que haya merecido apoyos en cada parroquia, aunque con algunos desmarques sonoros, como el del Presidente de Galicia. Con estos artistas el Congreso se convierte en un escenario para el ejercicio de una retórica escandalosa que excita a los medios y divierte a las audiencias que, al tiempo critican los malos modos. En resumen un pésimos partido.

Entre los comentarios curiosos de estos días me llamó la atención la nota de la Fundación FAES que a comentarios diarios interesantes ha sumado la semana pasada uno poco afortunado. Dice FAES: “Cayetana Álvarez de Toledo puede estar tranquila ante las acciones judiciales que dice que prepara el padre de Pablo Iglesias. Y no solo porque la inmunidad parlamentaria le protege cuando utiliza la tribuna…”.

Efectivamente los diputados están amparados por un triple derecho que les brinda el artículo 71 de la Constitución: primero el de inviolabilidad (exención de responsabilidad por lo que digan en la Cámara), segundo el de inmunidad (prerrogativa para no ser detenidos, ni inculpados o procesados sin autorización del Parlamento), y tercero de jurisdicción especial, el Tribunal Supremo.

Son privilegios que se justifican para defender la independencia de los diputados y su pleno ejercicio de representación de los intereses de la ciudadanía. Todo derecho y privilegio lleva implícito deberes que evitan que la prerrogativa se convierta en abuso y discriminación. Si el privilegio sirve solo al desahogo, la venganza o cualquier otra pasión perversa se convierte en exceso y produce desigualdad que quebranta la democracia y la justicia.

El espectáculo semanal del llamado “control del gobierno”, con su excéntrico uso de una retórica huera de preguntas y respuestas (que no son ni lo uno ni lo otro) distancia a los diputados de sus representados, les coloca en su particular ring de confrontación y polarización que alienta la desconfianza y el distanciamiento de los ciudadanos.

El lema “no nos representan” encuentra plena justificación ante comportamientos tan poco ejemplares. Algún viñetista podría dibujar el Parlamento con un bocadillo que diga. “¿Parlamentario?... no le da vergüenza”. Los derechos de inmunidad, inviolabilidad y fuero no se otorgaron para amparar semejante retórica. El artículo 71 de la Constitución tras fijar las prerrogativas en tres párrafos concluye con un cuarto: “Los Diputados y Senadores percibirán una asignación que será fijada por las respectivas Cámaras”.

¿Merecen estos diputados y senadores las prerrogativas del 71 y, además, las correspondientes remuneraciones y complementos que se auto atribuyen? ¿tienen responsabilidad de los desahogos los respectivos jefes de los grupos parlamentarios que guardan silencio y sonríen ante el espectáculo?