¿Está en riesgo la democracia española?

La retórica parlamentaria de la semana cursa muy subida de tono; mucha palabrería tabernaria impropia de gente responsable y consistente. Mentar al padre es tan desmesurado como la mención despectiva a un marquesado irrelevante. Pero son los “conceptos” que saltan a los titulares en los noticiarios para caracterizar la temperatura política (excesiva), como víctima de una ola de calor que nubla el entendimiento y la voluntad.

Las dos afirmaciones más amenazantes las pronunció en la Cámara (miércoles y jueves) Pablo Iglesias: la primera advirtiendo de un “peligro para la democracia” y la segunda al adjudicar al portavoz de Vox la intención (al menos la apariencia) de que está por un golpe de estado. La trayectoria de Iglesias, de la que no hay que hacerle prisionero ya que es evidente su evolución hasta acercarse a los modos de la que en su día denominó “casta” lo coloca más cerca de los críticos con la democracia y el régimen constitucional que de los partidarios. No obstante él sabrá por qué dice lo que dice y cómo puede sustentarlo y justificarlo.

Su aviso no es baladí, aunque es improbable que España esté en riesgo “des-constituyente”, ni siquiera de deslizamiento hacia una de esas democracias iliberales que ganan terreno en algunos países del este de Europa (socios de la Unión Europea), merece la pena dedicar alguna reflexión a las advertencias de Iglesias.

Ayuda el reciente libro de los profesores Levitsky y Ziblatt titulado “Cómo mueren las democracias” (Ariel 2018). Antes que ellos Juan Linz estudió el proceso con detalle y profundidad. Los profesores proporcionan una metodología para detectar las señales de alarma que advierten del retroceso de la democracia. Apunto algunas de las pruebas que recomiendan para medir los riesgos:

1.- Tratar al adversario como enemigo; negación de la legitimidad de los adversarios políticos, demonizarles, desdeñar el mutuo respeto y la tolerancia.

2.- Rechazo (o débil aceptación) de las reglas democráticas del juego político. Debilitar las instituciones, la división de poderes, evitar la trasparencia y el control de los poderes,

3.- Tolerancia o fomento de la violencia, resistencia a condenar comportamientos inciviles o violentos, incluidos los de los incontrolados.

4.- Predisposición a restringir las libertades civiles, incluidos los medios de comunicación.

5.- Ausencia de contención en el ejercicio del poder; uso inmoderado de las prerrogativas, por ejemplo con la ocupación partidista de las instituciones calificadas de no dependientes del ejecutivo, incluidos las instituciones civiles no gubernamentales.

Ahora están de moda las pruebas de test, no me parece difícil construir un test con esas cinco variables y aplicarlo al clima político español. El resultado no es tranquilizador. Más aun cuando un medio como EL PAIS advierte en su primera página “El gobierno CREE AFRONTAR un pulso de jefes de la Guardia Civil”, sorprendente bocinazo que lleva a preguntar: ¡cómo sustanciar ese cree el gobierno”? Va a resultar que la situación es susceptible de empeorar.