¿Acuerdo con Bildu?... ¿qué acuerdo?

¡Una cagada de Adriana!... pero tiene remedio; se aclaró al rato y Nadia Calviño puso orden sin que el Presidente asumiera el desgaste de rectificar. Para tranquilidad de las bases un externo con relato como Pepe Bono compareció en la Sexta Noche para informar, de buena tinta, que el presidente Sánchez, aunque sabía de la negociación con Bildu (por si acaso), no conoció el documento antes de su firma. Para aliviar la herida vinieron los testimonios de barones socialistas: Bono dice que con Bildu “ni a misa”, Abel Caballero, que “ni buenos días”, Vara, que “a ningún lado”. Y el silencio de otros. Hay que reparar los daños con urgencia. Y pasar página, a otra cosa mariposa.

Sin negar el acuerdo con Bildu que Iglesias y Otegui enseñaron con evidente regocijo por todas las televisiones, había que archivarlo sin herir la sensibilidad de los firmantes, sin rectificaciones exigentes o irritantes. Cerrar la herida. El presidente exhibió en su homilía sabatina buenas noticias: “desconfinamientos” (desescalada, en su retórica) selectivos pero inmediatos, fútbol, vacaciones, turismo… y prudencia y afectación. Pero sobre todo cambio de marco, para cambiar el relato: el nuevo guion se llama “ingreso mínimo”, la gran oferta social del gobierno de coalición, con o sin pandemia. Es la gran baza electoral de Iglesias, pero también la de Sánchez, que puede formar parte de su legado.

Pedro Sánchez tiene acreditada su sangre frío, su rapidez para rectificar el relato y colocar el acento donde mejor le convenga. De “la cagada” de Bildu la culpa es del PP por no votar a favor del “estado de alarma”. Del voto negativo de ERC, que es el que ha roto la mayoría gubernamental, ni palabra; no hay que molestar al socio por desleal que sea.

El Gobierno es hoy tan débil como cuando se constituyó, está sometido a las mismas tensiones. Y eso lo sabe Sánchez y también su socio Iglesias. Ambos se conocen, se desprecian y se necesitan. Compiten por el mismo espacio y objetivo y los dos van ganando. Tendrán que confrontarse cuando suene la música electoral, pero ese tiempo está lejano, queda mucha obra por representar y escribir. Las citas de Galicia y el País Vasco sin de menor cuantía para ambos, aunque suponen disputar algunas bazas parciales.

El avatar del miércoles acredita la debilidad del presidente que ordenará quemar todos los cartuchos para garantizar la votación del “estado de alarma”  que en Moncloa consideran crucial para contener la pandemia. Sánchez se pertrechó para el debate con informes de la abogacía del estado, cuya solvencia está debilitada. Pudo haber requerido al Consejo de Estado (para eso está) pero o no se atrevió y le pareció un riesgo excesivo. Con los avales del Consejo de Estado Pablo Casado podía haber reconsiderado su voto. La opinión jurídica de Edmundo Bal está más cerca del gobierno que de los asesores del PP, lo cual explica el voto favorable de Ciudadanos. Lo que ya no está tan claro es que una nueva prórroga tenga garantizada la mayoría.

El Presidente ahora apuesta por la política social, por un voto muy mayoritario a la ley del “ingreso mínimo” que será un triunfo de los dos partidos de la coalición y puede tener coste electoral para los partidos que se opongan. El acuerdo con Bildu es pasado, una cagada, pero Sánchez no le desestabiliza, puede con eso y más; ya ha pasado página.