Sánchez pacta con Vox (es mentira, pero es posible) 

 El pasado domingo el equipo de Pedro Sánchez inició ronda urgente de negociaciones con varios grupos parlamentarios para obtener los votos necesarios para prolongar el estado de alarma. Distintas personas del equipo se repartieron los interlocutores: dos grupos catalanes, dos grupos vascos, Ciudadanos, varios regionales… había que sumar más votos a favor que en contra. Los socios de Podemos, empezando por Iglesias, ayudan animando a sus amigos, especialmente a ERC y Bildu. 

Llegado el miércoles, día de la votación, Sánchez contaba con los votos necesarios, de manera que se dedicó a repartir en la Cámara elogios, reproches, agradecimientos, advertencias… Con los votos de Ciudadanos y PNV el Gobierno disponía de mayoría. Los demás votos, incluidos los de separatistas catalanes y vascos, socios de la investidura, eran irrelevantes para esa votación, aunque contarán para futuras ocasiones. 

Carmen Calvo fracasó con los separatistas catalanes, cuyas exigencias parecen excesivas o inoportunas a Sánchez, en este momento. Luego ya veremos. Pero Adriana Lastra y Echenique (es decir Iglesias) se entienden con Bildu (nada nuevo aunque Sánchez no lo haya reconocido hasta ahora) para firmar un escrito de compromisos sin relación directa con el estado de alarma, pero estrechamente vinculado con el programa de gobierno y el dominio de Podemos en la Coalición. Si los de Sánchez atraen a Ciudadanos, los de Iglesias aportan a Bildu. Pedro y Pablo se golean sin rubor.   

El acuerdo con Ciudadanos no parece compatible con otro simultáneo con Bildu el mismo día y para el mismo objetivo. De manera que toca disimular. Por eso este último acuerdo, el de Bildu, no se desveló hasta tener registrados los votos en favor del decreto de alarma. Añagazas oportunistas que dan la medida de la seriedad, la fiabilidad y el listón ético y estético de la coalición gubernamental. 

Años atrás, tras el asesinato de Joseba Pagazaurtundía la madre del militante socialista le dijo a Patxi López: "Ya no me quedan dudas de que cerrarás más veces los ojos y dirás y harás muchas más cosas que me helarán la sangre, llamando a las cosas por los nombres que no son. A tus pasos los llamarán valientes. ¡Qué solos se han quedado nuestros muertos!"

Entre militantes y dirigentes socialistas la firma de un acuerdo formal, explícito, por escrito, con Bildu les habrá revuelto las tripas, helado la sangre. Más aun cuando era innecesario para extender la alarma. Ahora se ve que hay más tableros, y en uno de ellos está la relación de Pedro y Pablo. 

Lo firmado es jactancioso, el apoderamiento de los firmantes insuficiente, pero es evidente que Pedro Sánchez ha estado al tanto de la negociación y de la literalidad del acuerdo. En el Parlamento Pedro Sánchez dijo en respuesta a la portavoz de Bildu que sus acuerdos son “indelebles” (que no se pueden borrar). Sabía lo que decía y lo que estaba al fondo.  

El documento será papel mojado, necesitó de aclarado y matización desde el PSOE, de inmediato, aunque puede que estemos ante otro ejercicio, uno más, de disimulo. Pablo Iglesias se ha apresurado a precisar que hay que atenerse a la literalidad y a lo cristalino del acuerdo, es decir al gol que le ha metido a su querido Presidente. Y para redondear la compañera de iglesias, la Ministra de Igualdad recuerda que lo firmado, firmado está. 

Lo que ha quedado claro es que Sánchez es capaz de pactar a dos carrillos, a tres si hiciera falta; si le viniera bien pactaría con VOX, como cien años atrás, Largo Caballero lo hizo con el general Primo de Rivera. 

¿Qué alcance tiene el acuerdo con Bildu? ¿Qué consecuencias? Probablemente pocas, porque Sánchez vive al día, para olvidar y cambiar según le convenga.