El gélido informe del Gobernador

El gobernador del Banco España compareció ante la comisión de Economía del Congreso para, en cumplimiento del mandato legal que tiene el Banco de España, informar al legislativo (y de paso al ejecutivo y a la opinión pública) de los efectos económicos de la pandemia. Un informe sin liturgia, sin esa charlatanería tan de moda en los debates políticos. Una lectura fría de páginas meditadas y medidas, sin concesiones al pesimismo fácil y tentador ni tolerancia con el optimismo vacuo.

Me llamó la atención una mención hacia el final de la intervención: “Las estimaciones disponibles del crecimiento potencial de la economía española muestran que es reducido en comparación con otros países desarrollados. El crecimiento potencial de una economía, del cual depende el nivel de bienestar a largo plazo, es el resultado de la acumulación de los factores productivos, capital y trabajo, y del grado de eficiencia con el que se combinen. Los reducidos niveles de crecimiento potencial de nuestra economía se deben tanto a un pobre registro de la productividad total de los factores como a un nivel de desempleo estructural más elevado”.

Se podría decir más corto y directo, pero ese no es el lenguaje de los banqueros centrales, pero no más claro. En resumen que lo tenemos complicado, por no utilizar otra palabra más rotunda, que llueve sobre mojado, que si ya lo teníamos bastante crudo sin pandemia, con ella todo se complica un poco más.

El gobernador da por descartada la primera hipótesis de las primeras previsiones post Covit que formuló el BDE hace pocas semanas (un caída del PIB en torno al 7%) para asumir el peor escenario que significa el doble dígito negativo sobre el crecimiento y el déficit y una tasa de paro que nos devuelve a los peores datos de la anterior recesión. El gobernador no entró en detalles, no hacía falta, para advertir que se requieren medidas “contundentes, acotadas en el tiempo y coordinadas” que eviten que “una perturbación temporal genere efectos persistentes”, por la pandemia y por la hibernación.

Al margen del relato sobre las medidas adoptadas para combatir la recesión, especialmente las monetarias en cabezadas por el Banco Central Europeo, el gobernador emplaza a medidas fiscales que eviten “destrucción permanente del tejido productivo”. Es decir que se gaste cuanto sea preciso… pero que se gaste bien. Y a renglón seguido apunta a que “tras el fuerte aumento del endeudamiento público” debe venir “una estrategia clara de saneamiento de las cuentas públicas (hoy vulnerables) con un programa de consolidación presupuestaria a medio plazo que revise el gasto y la estructura y capacidad impositivas”.

Lo que el gobernador reclama es política económica con mayúsculas, que pasa por pactos sociales y políticos de fuste, acordes con la magnitud del problema, el mayor que hemos conocido o padecido. El dilema no es economía o salud, honor o paz, se puede fracasar en ambos objetivo, guerra y deshonor; en este caso más víctimas y más recesión. Esto no lo dijo el gobernador pero a mí me provocó ese recuerdo y asociación.