La imagen postvirus de la “Ciencia”: no sabe, pero progresa

De la “gripe de 1918” salió relativamente malparada lo que llamamos “Ciencia” ya que a la pandemia nadie le encontró una explicación definitiva, ni tampoco cura. Los virus no se descubrieron hasta dos décadas más tarde. Pero hubo avances constantes e importantes que culminan con la penicilina de Fleming, que mereció al científico escocés el calificativo de ser la persona más determinante del siglo XX (según la revista Time) ya que es quién ha contribuido a salvar más vidas.

La “Ciencia”, a la que el presidente Sánchez alude en todos sus charlas sabatinas como burladero de sus decisiones, es la manifestación del ser humano como ser superior; también lo es el arte por semejantes razones. El diccionario de la RAE define Ciencia como “conjunto de conocimientos obtenidos mediante observación y razonamiento, sistemáticamente estructurados y de los que se deducen principios y leyes generales”.

Desde que comenzó la pandemia a principios de año se han diferenciado dos tendencias, dos escuelas, la de los fatalistas  que atribuyen al curso de la naturaleza, incluso a su venganza, el despliegue de la epidemia vírica; y la de los creyentes en la ciencia a la que confían para entender y resolver el problema.

A lo largo de estos últimos cien días hemos sabido más que nunca antes del despliegue de investigaciones e investigadores dedicados a entender y combatir el nuevo virus. Cada día sabemos un poco más, a veces con percepciones confusas por la abundancia de charlatanes atrevidos que exponen teorías sin “observación y razonamiento sistemáticos” que requieren procedimientos, conocimientos, paciencia y tiempo.

A lo largo de esos cien días el conocimiento acumulado sobre la naturaleza del virus es extraordinario. Los más expertos advierten que hasta lograr la panoplia de tratamientos efectivos y, finalmente, de la (o las) vacuna eficaz pasarán semanas, meses de observación y verificación, de ensayos con prueba y error. Ninguno de esos expertos aseguran plazos ni éxitos, eso queda para los charlatanes, pero todos ellos trabajan confiados en que la Ciencia progresa adecuadamente, especialmente cuando opera con cooperación, con solidaridad y reciprocidad que son conceptos parejos aunque no sean sinónimos.

La lógica competitiva, muy propia del deporte, introduce una forma de ver el avance de la ciencia sesgada e inconveniente. ¿Quién llegará primero a  la meta? Los chinos o los americanos, los británicos o los alemanes… una forma divertida y simple de ver el proceso científico. Lo que vaya a ocurrir será compartido de inmediato, y será resultado de la más estrecha cooperación mundial de la historia.

Los científicos dicen todavía que “no saben”, pero a renglón seguido advierten que progresan, que sus ignorancias disminuyen y les acercan al conocimiento. A los políticos y a otros charlatanes convendría pedirles prudencia, cautela, respeto y, de paso, que cuestiones a los del pensamiento mágico, a los anti vacunas ahora menos provocadores pero que saldrán a escena a la menor oportunidad. La Ciencia existe, progresa y aporta soluciones, aunque necesita tiempo y “observación y razonamiento, sistemáticamente estructurados”.