La retórica de los pactos: “flatus vocis” 

Tras las horas de debate parlamentario del Jueves Santo una primera conclusión que me viene a la mente es “flatus vocis”, es decir “emitir palabras carentes de sentido y defenderlas como si lo tuviesen”. De las intervenciones del presidente Sánchez en el Congreso destacan dos noticias: primera que habrá otra prórroga del estado de alarma y del confinamiento en tanto el virus no se contenga. De manera que el horizonte del levantamiento del aislamiento forzoso se traslada en torno a San Isidro (15 de mayo). La otra noticia es la convocatoria de una reunión al modo de la del 8 de octubre de 1977 que propició los Pactos de la Moncloa invocados ahora como uno de los acontecimientos de la Transición.

“Flatus vocis” es el calificativo que merecen las palabras de Sánchez sobre la hipótesis de unos pactos políticos de altos vuelos, pactos de Estado. La esencia de los pactos radica en la naturaleza y alcance de la propuesta y la voluntad del que propone y de los que lo reciben. Pues bien de las palabras del Presidente no se deduce (salvo mucha ganas, ni propuestas ni voluntad, más bien son palabras sin sentido).

La catarata de descalificaciones dedicadas desde el Gobierno, y los dos grupos parlamentarios que sustentan su minoría, hacia la oposición no son coherentes con la pretensión del pacto. Uno no invita a casa a alguien después de ponerle “a parir”. Es lógico que Casado le diga a Sánchez, ¿cómo quieres negociar tras insultarme?, ¿cómo quieres pactar cuando ni siquiera me pones al corriente?, ¿cómo es que me invitas pero no me das tus señas?

No tengo mucha fe en la interpretación del lenguaje corporal, ni en que la cara sea el espejo de la intención; pero la mandíbula, el rostro del Presidente del Gobierno no ayuda a conseguir crédito, no evidencia sus intenciones de pactar. Y lo más importante, sus palabras y su actitud ante los demás grupos, no mostraban amabilidad más allá de los partidos que hicieron posible la censura a Rajoy y luego la primera investidura exitosa de Sánchez. De hecho varios de los partidos nacionalistas que están cómodos con Sánchez manifestaron poca simpatía hacia unos pactos de Estado, ni siquiera hacia los decretos ley sometidos a debate y aprobación.

Y sin incentivos a los convocados al pacto, sin amabilidad inicial, no es probable que los convocados vayan con voluntad y confianza. No sabemos qué va a ofrecer Sánchez a los partidos, a las autonomías y a las fuerzas sociales. No hay noticia del documento que les va a proponer, ni siquiera el índice de temas. Desde luego que el documento se prepara en pocos días. Si el documento es relevante, tanto o más es la red de complicidades y de confianza que hay que tejer antes de sentarse a la mesa. Esas líneas de puntos de relaciones personales que engrasan las negociaciones. Y de eso no hay noticia ni gestos.