ERTES, ERES y concursos de acreedores

En breve, mañana jueves, conoceremos el dato de bajas en la Seguridad Social del mes de marzo; no es una estimación, es un primer dato relevante de los primeros efectos de la pandemia en el mercado laboral. También debemos conocer en breve el números de afectados por los ERTES (primer arma de defensa del empleo del Gobierno para esta crisis) que dejan sus contratos en suspenso temporal. Las primeras estimaciones apuntan a dos millones de personas que, al menos, durante el “estado de alarma” recibirán el 70% de su base de cotización de la Seguridad Social. Varios miles de ellos tendrán además un complemento de sus empresas para alcanzar el salario ordinario.

Y pasadas unas pocas semanas más, quizá meses, conoceremos el número de empresas acogidas a EREs (despidos colectivos) por dificultades financieras y productivas insalvables como consecuencia de la inminente (de hecho actual) recesión. Y más tarde aparecerán los concurso de acreedores (o su equivalente de “segunda oportunidad”) por dificultades financieras de los que no puedan utilizar el escudo del ERE antes de echar la persiana. Éste último dato será el más concluyente y estremecedor de esta catástrofe, el que nos dará la medidas del acierto o el fracaso en la gestión de esta crisis, sobre todo comparando con otros países vecinos.   A las terribles muertes de personas físicas de estos días, pueden seguir luego las muertes de personas jurídicas que emplean, que pagan nóminas, que invierten…

El Gobierno prohibió durante el período que dure el “estado de alarma” los despidos causales, los procedentes. Una medida de urgencia para evitar una hemorragia. Luego ha decretado unas vacaciones pagadas por quince días. Ahora toca pagar todos esos compromisos, especialmente las nóminas de marzo que ya están vencidas y pagadas en muchos casos y las de abril y mayo, tras semanas de inactividad y excepcionalidad.

Sobre la tesorería de las empresas y sobre la Seguridad Social (subsidio de paro) va a girar el coste inmediato (marzo, abril y mayo) de esas medidas. La financiación de la Seguridad Social (mientras dure la crisis) está garantizada por el Estado mediante sus propios recursos y  emisiones de deuda que, antes o después, comprará el BCE (una ayuda de la Europa del euro que no conviene menospreciar).

La financiación de las empresas vendrá de sus propios recursos (mermados de inmediato por la inactividad) y del crédito que deben obtener de sus bancos, que a su vez dispondrán de la liquidez necesaria suministrada por el BCE. En resumen, la financiación de la crisis pasa fundamentalmente por el Banco Europeo, de manera que el discurso antieuropeo (en buena medida incitado por el presidente Sánchez con propósito que no alcanzo a comprender) tiene patas cortas. Otra cuestión es la de los eurobonos o coronabonos que tienen otra lidia.

Estimar estos días la magnitud de la catástrofe financiera es mera conjetura. Aún no ha tocado fondo (o techo) la pandemia, ignoramos cuándo acabará el confinamiento personal y la hibernación empresarial, de manera que se pueden hacer las proyecciones que se quieran pero en todas ellas faltan datos esenciales. El PIB puede caer el 3 o el 5 o el 10% (conjeturas publicadas) este año, y su impacto sobre el empleo será mayor en porcentaje, sin perder de vista los daños colaterales. Tampoco hay que descartar una recuperación fulgurante si durante la travesía del túnel se sostiene la confianza, se aprecia liderazgo político y moral, y se alientan la voluntad de recuperar el crecimiento.