De idiotas y listos infectados de presentismo y sesgo retrospectivo

El presidente argentino, Alberto Fernández, en una intervención televisada ha llamado “idiotas” a esas personas que pululan por las calles violando las órdenes de permanecer en casa. Idiotas a los que, dice el argentino, va a mandar a los tribunales. Aquí las autoridades han sido más amables e insisten en la persuasión, aunque hay datos de miles de multas de cuya suerte no hay noticia, tampoco se sabe si algunas denuncias con detención han llegado a los juzgados. El calificativo de “idiotas” es suave, merecen algo más contundente.

Hay otra tipología de personas que en vez de idiotas podríamos calificar de listos, o listillos. Aparecen por los medios, especialmente por las redes sociales emitiendo juicios jactanciosos sobre “lo que pasa” y, sobre todo, “lo que hay que hacer” o “lo que habría que haber hecho”. Un viejo profesor del bachillerato se alteraba cuando empezábamos una frase con “es que…”; ese señor “es que”, decía, es muy maleducado.

Lo que nos está ocurriendo “esta vez es realmente diferente”, señala la historiadora y economista Carmen Reinhart en un artículo reciente. “No tengo conciencia de un episodio histórico que pueda ofrecer alguna perspectiva sobre las consecuencias”. Es cierto que hay documentadas advertencias sobre una pandemia vírica mundial, pero también que ningún país se ha preparado con protocolos y con reservas para hacer frente inmediato a una crisis semejante.

Luego están los profetas del pasado, los listos o listillos que con los datos presentes dictaminan lo que había que haber hecho y, de paso, conjeturan lo que va a ocurrir. Se llama “presentismo”, interpretar que lo de hoy explica el pasado y el futuro; o “sesgo retrospectivo”, interpretar el pasado con los datos del presente.

Desde luego que hay que analizar con sentido crítico las decisiones adoptadas una vez conocidas las consecuencias. Desde luego que hay que atribuir responsabilidades a los negligentes y a los irresponsables. Desde luego que hay que intentar hacer pronósticos sobre lo que puede ocurrir: pero siempre con cautela y con humildad.

Hay razones y datos para sostener que en España la pandemia está siendo más profunda y lesiva que en los demás países. Y que eso merece análisis y que apunta a una mala gestión. El Gobierno se resiste a admitir errores, sufre ofuscación y pavor a las consecuencias políticas. Pero no está solo el Gobierno en ese lado, el resto de autoridades tiene también responsabilidades. Incluidos científicos y periodistas.

Estos días no son los mejores para la crítica, aunque tampoco se puede dar de lado; son días para cuidar, añadir, sumar y animar. Y también para advertir a los listos (y a los idiotas) que se lo piensen dos veces antes de actuar y de opinar.