Conteo y confusión estadística 

Ante una catástrofe como la de la pandemia del COVID19 la estadística  es fundamental. A ella dedica bastantes minutos el portavoz Fernando Simón cada mañana con respuestas provisionales, parciales, probables… En realidad las cifras diarias de la pandemia, tanto las nacionales como las europeas y mundiales, están sometidas a altas dosis de provisionalidad, de parcialidad; en resumen son poco consistentes y por tanto complican las conclusiones. Un dato objetivo es el de fallecidos, aunque sometido a duda sobre la incidencia efectiva del virus en cada caso. ¿Cuentan los chinos o los alemanes como los italianos o los españoles?, pues no lo sabemos,

Existen entidades internacionales, públicas y privadas, que tratan de sistematizar los datos, pero las fuentes de origen no se someten a criterios homogéneos. Da la sensación de que todos los países hablan de lo mismo, pero no coinciden ni en los conceptos ni en el tiempo de referencia. Se trata de buscar pautas de comportamiento, identificar sesgos, armonizar datos… pero no hay consistencia ni homogeneidad.

Los matemáticos más avezados buscan tendencias y acumulan datos para elaborar modelos predictivos acerca cuánto va a durar, cuándo se alcanza el pico del contagio, cuándo empieza a decaer la curva… pero las conclusiones son probabilidades, conjeturas, que cambian con la llegada de más datos.

El microbiólogo García-Sastre en una interesante entrevista publicada ayer en EL País (media página) utiliza varias veces las expresiones. “no lo sabemos”, “está por ver”, “es probable”. En lo que se muestra seguro es en advertir: “habrá otra pandemia, probablemente de gripe”.

De manera que estamos a tientas. La buena noticia es que con el paso de los días la niebla se irá disipando y con más información y más depurada, los científicos propondrán tesis y conclusiones válidas y útiles para el futuro, para cuando llegue la próxima epidemia.

En cualquier caso sí parece que el trabajo de coordinación, de centralización, que asumió el Gobierno desde la declaración del estado de alerta,  que le dotaba de facultades especiales, es deficiente. No ha funcionado bien la adquisición de material, no han logrado homogeneizar los datos y construir una base estadística consistente. Es obvio que se necesita tiempo, el que pedía en alguna de sus intervenciones el presidente Sánchez. Pero también que se requiere maña, determinación.

Las palabras más frecuentes en las intervenciones de los ministros son: “con plena colaboración con las CCAA”, como si ese fuera el objetivo. No lo es, el objetivo es la eficacia en la política contra la epidemia, y para esa eficacia es esencial la rapidez y la firmeza. Demasiadas explicaciones superfluas, demasiada retórica declarativa, y ausencia de datos ciertos, verificables.

Da la sensación de que por arriba domina la ineficacia, interferencias, confusión; mientras que por abajo se nota profesionalidad, dedicación, entrega. El conteo es esencial, sin cuentas se imponen los cuentos. Una estadística consistente es condición necesaria aunque no suficiente para el acierto. No tenemos esa estadística, ni por aproximación.

Que España acumule el 11% de afectados reconocidos a nivel mundial y el 17% de los fallecidos es extravagante. El conteo no puede estar bien.