¿Cómo reconoceremos a los sanitarios su dedicación?

Cada tarde miles de ciudadanos salen a las ventanas para aplaudir a los sanitarios como reconocimiento por su trabajo; especialmente a los sanitarios de primera línea, los que reciben, tratan, cuidan, sostienen, animan… a los enfermos. Ellos son los que se llevan a casa, cada jornada, en su mochila moral tensiones, frustraciones, riesgos y algunas satisfacciones. Las estadísticas diarias ponen de relieve que los sanitarios son más afectados por la pandemia, diez veces más que los demás. No es normal, no es lógico. A la fecha cuatro mil afectados reconocidos, más del 1% de los profesionales censados. Un porcentaje asombroso, si estuviera afectada el 1% de la población residente en España con más de 16 años serían casi ¡cuatrocientos mil!, una cifra imposible de gestionar. Ese ratio de afectados en la sanidad es anormal, requiere análisis, causas, explicaciones y responsabilidades.

Tengo varios familiares directos en la sanidad, dos de ellos trabajando en Unidades de Cuidados Intensivos madrileños. Me comentan cada día su avatar, su trabajo, dobles turnos algunos días, pocos descansos; soportan, sobre todo, el padecimiento de los enfermos, su soledad (les conectan por teléfono con sus familiares), disfrutan cuando algunos salen adelante y ganan al virus. Pero sufren cuando el que gana es el virus. Luego vuelven a casa a desinfectarse, a intentar descansar, a no acercarse a los suyos.

Me pregunto, ¿cómo vamos a agradecer a esta gente su profesionalidad, su vocación, su entrega? No tengo respuesta. Me dicen que hasta ahora han trabajado sin recursos, sin material, que va llegando con retraso. También reciben refuerzos humanos, nuevas contrataciones a las que en muchos casos hay que formar porque trabajar en una UVI no se aprende en un ratito.

Constatamos ahora que los recortes en la sanidad aplicados por todos los gobiernos durante la crisis fueron un error monumental. Los pensionistas no hemos perdido ingresos, los funcionarios tampoco, los consejeros de las cotizadas todo lo contrario. Donde se ha escatimado ha sido en sanidad (y en educación y en investigación) que es lo que ahora echamos falta, lo que necesitamos con urgencia.

Alguien (es) tendrá que dar explicaciones, en su momento, y entonar mea culpas. Y no es cuestión de ideologías porque aquí han recortado todos. Y los que más se llenan la boca con el gran prestigio y calidad de la sanidad (pública y privada), no lo demostraron cuando tocaba defenderla con hechos.

Hay hospitales que funcionan bien; y otros no tan bien, algunos mal y unos pocos muy mal. Depende de los gestores, de su capacidad e idoneidad. Gestionar un hospital es muy complicado, quizá lo más complicado del mundo: requiere mucha pericia, mucha humanidad, mucha inteligencia y experiencia; no se puede improvisar en un rato Sabemos que algunos gerentes han llegado por confianza política (amiguismo) más que por idoneidad profesional. Y eso ahora se nota. Enfermos en el pasillo tirados indica fallos de gestión que exigen explicaciones y destituciones. Recursos mal utilizados merecen el mismo proceso.

Tiempo habrá para todo, pero no se puede olvidar que cuando la crisis pase el sector sanitario merece reconocimiento y satisfacciones. La mayor sería premiar a los buenos y relegar a los malos, profesionalizar la gestión, respetar a los profesionales, hacerles caso, cuidarles como nos cuidan.