La retórica barroca del presidente Sánchez

La intervención del presidente Sánchez tras el Consejo de Ministros de las medidas económicas pretendía levantar el ánimo de la gente, trasladar seguridad y confianza. Ojalá lo haya conseguido, por el bien de todos. Varias personas me han preguntado acerca de las medidas, carezco de opinión, no soy capaz de analizar lo que desconozco. Lo que nos ha dicho el presidente sobre las medidas es poco, hay que esperar al detalle del decreto, cuando escribo esta nota (cinco de la tarde del martes) ni siquiera está colgada en la web de la Moncloa la referencia habitual del Consejo que suele resumir el contenido de los acuerdos dando pistas iniciales.

El titular que domina la información en las televisiones para fijar criterio es que se van a movilizar 200.000 millones, una cifra sin precedentes, la bazuca monetaria. Pero es una cifra sin detalle, inconsistente y por tanto inútil para el análisis. El Presidente no ha concretado casi nada, incurre en naderías como la peluquería a domicilio, pero no concreta la moratoria de hipotecas, que es lo que interesa a millones de hipotecados. Tampoco sabemos cómo se van a concretar los aplazamientos de cuotas sociales e impuestos a cuenta. Y otro tanto sobre la flexibilización laboral (que forma parte esencial de la reforma laboral de Rajoy) y, sobre todo, sobre la gestión de los expediente de regulación temporal de empleo (ERTE). Los italianos han sido más radicales: suspender los despidos durante varios meses.

Tiempo habrá para entrar en los detalles de las páginas (dicen que 45) del decreto ley, aunque la experiencia apunta que los decretos eficaces y efectivos son breves; como ejemplo recuerdo el de mayo de 1985 (Boyer) que puso punto final a una recesión con unas pocas medidas que cupieron en dos páginas del BOE.

El Presidente destaca como importante que no se va a cortar la luz, el gas o el teléfono a nadie: ¿a cuántos se les corta ahora?, ¿significa barra libre? Más retórica inconsistente que medidas de calado.

Con esos precedentes me referiré a la retórica del Presidente que cuenta con un equipo técnico de marketing con experiencia y un objetivo decidido: vender mercancía político electoral. Quieren emular a Churchill y sus primeros discursos para la guerra, pero no sé si el resultado es el buscado.

El diccionario dice que barroco es algo “excesivamente recargado de adornos, volutas donde predomina la línea curva”. Y barroco me parece el estilo Sánchez. Barroco y hasta manierista (artificioso). Un redactor jefe con oficio eliminaría los adjetivos del discurso para dejarlo en la mitad o menos. Y uno más exigente tacharía el autoelogio y la autocomplacencia que quitaba la mitad de la mitad.

Con objetivo de animar el Presidente insistió en el elogio propio, de su Gobierno, de las Administraciones… pues muy bien. Pero ¿cómo es que estamos a la cabeza de los países más perjudicados? Para salir de las crisis lo primero es reconocerlas y lo segundo asumir responsabilidades. Aquí todo se hizo bien según Sánchez. Así no se gana credibilidad.

La retórica de Sánchez es larga, reiterativa, vuelve una y otra vez sobre lo mismo. Quizá sea eficaz para fijar juicios, pero las intervenciones de estos días son para informar, para trasladar seguridad y confianza y no para justificaciones y grandes propósitos voluntariosos, pretenciosos. De las medidas hablaremos cuando las conozcamos.