Nadia Calviño en versión Pedro Solbes

Tienes lógica la comparación entre el papel que hace Nadia Calviño para Pedro Sánchez con el que hizo Pedro Solbes con Rodríguez Zapatero. En ambos casos los presidentes (bastante pipiolos ambos en tareas de gobierno) buscaron personas que les dieran credibilidad para conducir la política económica, sobre la que tenían ideas propias más allá de la ortodoxia. Tanto Solbes como Calviño presentan credenciales europeas suficientes para, a priori, dar tranquilidad a los mercados y a Bruselas.

Ni Zapatero ni Sánchez llegaron al Gobierno con credenciales europeas y con experiencia de gestión económica. A favor de Sánchez está que habla inglés, pero conocer un idioma solo garantiza eso mismo, nada más. El título de economista (con un doctorado devaluado) añade a Sánchez tanto como a Zapatero la condición de profesor ayudante eventual de derecho constitucional en la universidad de León.

Ambos necesitaban un zar económico con crédito, un alto funcionario con conocimientos de los despachos y pasillos de la administración española y de la europea. Solbes y Calviño responden a ese perfil, de distinta generación, pero de semejante trayectoria; más intensa la del primero que la de la segunda. Los dos son técnicos comerciales; los dos ocuparon altos cargos en la administración española y en la comunitaria, con varios galones adicionales en el caso de Solbes como ministro y comisario, que en el de Calviño que llegó a direcciones generales con buen desempeño.

Solbes le ganó a Zapatero las segundas elecciones (las de 2008) en el debate televisado con Manuel Pizarro, aunque desde ese mismo momento pasó a ser alguien a relevar en el Gobierno a la primera de cambio: misión cumplida para el Presidente. Los amigos de Solbes sostienen que si se hubiera ido en ese momento (2008) hubiera pasado a la historia como uno de los ministros de Economía más solventes de la democracia, tanto en su etapa Felipe González como en el primer Gobierno Zapatero. Cayó en la tentación de seguir, y luego de obedecer las tesis de la Moncloa sobre la crisis y arruinó su reputación. ¿Por qué se sometió Solbes a Zapatero sabiendo que estaba equivocado? No lo ha explicado en su libro de memorias (en teoría escrito para ello), pero quienes le conocen dicen que fue por lealtad, la del alto funcionario típico hacia el Gobierno de turno.

¿Corre ese riesgo Nadia Calviño? Desde luego que sí, aunque el instinto y el compromiso política de la ministra es más denso que el de Solbes. Algunos sostienen que la vicepresidenta no estaba de acuerdo con los dos nuevos impuestos chapuza aprobados por el último Consejo de Ministros. No hay pruebas de ello, pero es posible, Calviño tiene conocimientos suficientes para saber que son dos gestos para la galería, cartón piedra con más contraindicaciones que ventajas. De momento no hay razones para que Calviño sienta incomodidad semejante a la que tuvo Solbes a partir de 2009, pero llegará ese día, una vez que las cifras rojas del Presupuesto vayan más allá de lo soportable. Tiempo al tiempo.