La agencia EFE como síntoma

Al presidente de EFE, el conocido periodista Fernando Garea, le nombró el Gobierno Sánchez tras una llamada de la vicepresidenta Carmen Calvo. El propuesto exigió el consenso de los otros grupos parlamentarios para materializar el nombramiento; y así fue. Luego se cumplió la formalidad de que el Consejo de Administración de EFE (una sociedad anónima cien por cien del Estado, de la SEPI) hiciera el nombramiento. Ahora le destituye el Secretario de Comunicación del Gobierno en una cafetería. Una desproporción típica entre designación y destitución que dice poco del jefe superior, en este caso la Vicepresidenta que endosa las malas noticias a un subordinado. El Consejo de Administración se enteró por los medios. Un Consejo de Administración que ni administra, ni controla, ni na de na… 11 altos cargos de los Ministerios, casi todos anclados en gabinetes de prensa con manifiesto conflicto de intereses con la neutralidad informativa y los objetivos de la agencia. Un consejo para cobrar una dieta.

Más allá de la mala práctica (manos largas) del Gobierno para mangonear y entrometerse en todo, con manifiesto abuso de poder, el caso EFE acredita el desdén por lo formal y lo institucional y el olvido de promesas y compromisos. Los partidos de la coalición del Gobierno se comprometieron, incluso por escrito, a que el nombramiento de la dirección de EFE se hiciera por un procedimiento reglado que debe pasar por una mayoría del Congreso y un proceso profesional de selección.

La Comisión para la reforma de RTVE y EFE que designó Zapatero el año 2004 (de la que formé parte) hizo una propuesta para el Gobierno de EFE que quedó enterrada en el cajón. La Comisión proponía la designación parlamentara de un Consejo de cinco miembros, con mandato de seis años no renovables, dedicación preferente, acredita idoneidad y experiencia, facultado para elegir al Presidente y, sobre todo, al director general de la agencia. El control se asignaba al Parlamento y se proponía un contrato programa presupuestario y de objetivos con carácter plurianual.

De entonces acá han pasado 15 años, tres gobiernos y cuatro presidentes de EFE sometido a la disciplina presupuestaria de la SEPI-Hacienda que se ocupa solo de costes y ajustes y a la larga sombra de La Moncloa. Se destituye sin explicaciones y se nombra sustituto con los mismos vicios de origen y destino de siempre.

Lo más decepcionante es que el Gobierno (este y el anterior) carecen de plan par EFE, no tienen ni idea, van condenando la agencia a la irrelevancia, con asfixia financiera y sometimiento a confianza, a ejercer de agencia oficial sin reconocerlo. EFE no ha sido larga mano de la propaganda del Gobierno, pero ha carecido de un mandato decidido, inteligente, meditado para ser una agencia competitiva en castellano con influencia internacional. Los profesionales de la agencia no se merecen semejante trato. Estamos ante un despilfarro del que es responsable el Gobierno, este y el anterior, que con estas decisiones merece el calificativo que ayer les asignaba el profesor Jorge de Esteban en su artículo de El Mundo: “pandilla de incompetentes”.