Expectativas mediocres para unos Presupuestos en pañales

Las ministras de las cuentas (Calviño y Montero, Economía y Hacienda) han presentado el bosquejo de las cuentas para el 2020, lo que llamamos “senda de déficit” que incluye un techo de gasto y el cuadro macroeconómico que lo sostiene. Con todo ello se puede estimar el esquema básico de los Presupuestos 2020 que por lo sabido hasta ahora están en pañales. Es obvio que en Ministerio saben fabricar Presupuestos, pero con pérdida de habilidad ya que los vigentes son fruto de dos prórrogas de las cuentas elaboradas por el gobierno Rajoy para 2018.

A lo largo de los últimos ejercicios los Presupuestos han fracasado desde el punto de vista del cumplimiento de los objetivos de déficit y de deuda, aunque han contribuido, por su carácter expansivo, a un crecimiento económico superior al potencial y a la media de los países competidores del área euro. Se ha cumplido el principio de pan para hoy…que ya veremos mañana. El gasto público ha contribuido a sumar actividad y crecimiento a costa de más deuda, que pagaran las futuras generaciones. Un procedimiento propio de políticos de expectativas limitadas, más preocupados por su futuro que el del país mal que sirven.

El dibujo de cuentas que presentaron las dos Ministras (una Vicepresidenta) es mediocre, poco coherente con el mantra permanente del “Gobierno de izquierdas”. Si el principal problema de España, y foco prioritario de desigualdad, es el empleo la propuesta del Gobierno en ese sentido es de lo más modesta. Del 14% de paro actual aspira a reducirlo un punto en el bienio 2020-21 y siete décimas en el siguiente (22-23). Y eso con presupuestos expansivos y tipos de interés mínimos.

El mantra de la Vicepresidenta es la responsabilidad fiscal pero está abonada al déficit crónico, con olvido del objetivo de convergencia de una deuda en el entorno del 60% del PIB. Con crecimiento del 3% hay déficit y con crecimiento del 1,5%, también.

Las declaraciones son cuentos, promesas en el aire; los números son cuentas y estas pintan regular tirando a mal. Apuntan incrementos de impuestos para mejorar los ingresos, pero el dibujo de esos impuestos sigue en la teoría, en el discurso. El impuesto a las tecnológicas está afectado por proyectos globales que se negocian en la OCDE y el G20; y el impuesto a los bancos puede traer más problemas de los imaginados, el sector no está para mucho ajetreo, más cerca de las inquietantes pérdidas que de los beneficios asombrosos, porque las grandes cifras producen espejismos.

Lo conocido del dibujo presupuestario revela mediocridad, poca ambición y menos proyecto. Montoro era más radical, más decidido a la hora de subir impuestos y más consciente de la realidad; menos amable pero no por eso menos fiable.

El Gobierno vive pendiente del pacto con ERC, que es llave para aprobar los Presupuestos 2020. Si el Partido Popular tuviera imaginación y confianza en ellos mismos pudiera proponer a Sánchez un pacto presupuestario por el bien del país.