Cuando los aplausos son noticia…

La apertura formal de la legislatura (la catorce), con gobierno constituido, constituye el escenario adecuado para ratificar el programa de gobierno expuesto por el candidato a Presidente en su investidura. El discurso del Jefe del Estado, bendecido por el estrenado Gobierno, tiene que estar en preceptiva consonancia con el programa del Gobierno, un indicativo relevante de los objetivos de la legislatura.

Pero de la sesión de esta mañana han destacado más los aspectos folklóricos-formales que las cuestiones de fondo; más el espectáculo que las ideas y proyectos. El Rey hizo una declaración previsible sobre los valores democráticos y constitucionales y el camino recorrido con una apelación final al entendimiento (que va más allá del diálogo) que contradice el clima dominante del debate político caracterizado por la confrontación y la polarización. Buenos deseos para oídos sordos

Los noticiarios han destacado como dato destacado quiénes y cómo discurrieron los aplausos, los silencios y las ausencias, más que los contenidos de las palabras de los dos oradores del día: la presidenta del Parlamento (las dos cámaras) y el Jefe del Estado, el rey Felipe VI. Ambas repletas de palabras que entraron por un oído de los presentes para salir por el otro sin la menor mella o trascendencia.

La sesión empezó con la precia descortesía habitual de los grupos independentistas (29 diputados que significan el 8% del Congreso y 20 senadores, 8% del total) que ostentaron su conocido rechazo al Rey y, consecuentemente de la Constitución de 1978. En la Constitución de la República Federal Alemana semejante postura tendría consecuencias. El desacato de la Constitución por parte de personas que, en teoría la han acatado, no sorprende, no es noticia ya que es una actitud conocida y amparada. Lo curioso es que ese amparo es por mor de la libertad y el pluralismo no es óbice para que venga acompañado de la retahíla de descalificaciones y críticas a la democracia española.

Algunos destacan que la parte afecta de la Cámara aplaudió al Jefe del Estado durante ¡cuatro minutos!, con más o menos entusiasmo y sinceridad; incluida buena parte de la bancada de Podemos que en otras ocasiones guardó silencio. Los del PNV también aunque con la cortesía de la presencia y en pie para recibir y despedir. Toda la gesticulación roza lo infantil, gestos para llamar la atención sin más consecuencias que los malos modos que acreditan.

Los más incoherentes son los que se ausentan de la sesión, pero no enuncian ni al puesto, ni al sueldo ni a la oportunidad de ocupar la tribuna para exponer sus críticas, las más de las veces con muy discutible fundamento. En resumen la institución parlamentaria ni se respeta ni se hace respetar y los ciudadanos toman distancia, desconfían y pasan un espectáculo poco ejemplar. Si lo importante es cómo y cuánto aplauden, quien asiste o quien se ausenta… no merece la pena.