Cataluña embarullada

No es fácil encontrar el adjetivo que califique la situación política catalana con precisión. Elijo “embarullada” porque el diccionario define la voz embarullar como: “Mezclar desordenadamente. Confundir. Hacer algo atropelladamente sin orden ni concierto”. El desarrollo del pleno del Parlamento catalán a lo largo de la jornada de ayer bien merece la calificación de “embarullo”, sustantivo que no ha llegado al diccionario que si admite “embarullador”.

Había expectativas sobre el pleno del lunes, se esperaba espectáculo, confrontación y decisiones atrevidas, desafiantes. Y desde luego que hubo espectáculo y confrontación pero ningún desafío. Por no decidir, ni siquiera aprobaron los Presupuestos del propio Parlamento para este año que parecía un acuerdo de trámite que llegaba con amplio consenso.

Hace años el diputado socialista Iceta advirtió a los independentistas que no iban a tropezar con los tanques (eso ocurrió en 1934), ni con la guardia Civil, sino con la abogacía del estado, es decir con la ley vigente ejecutada por los tribunales de oficio, mediante autos y sentencias. Eso es lo que viene ocurriendo desde hace dos años que algunos quieren llamar “judicialización” para descalificarlo, para bordear el estadio de derecho y dar espacio a los arreglos políticos.

Iceta tenía razón, confirmado que el “estado de derecho” existe, que el Aranzadi es más que un libro, que el Poder Judicial ejerce como tal, una buena parte del independentismo se tienta la ropa antes de actuar. El presidente del parlamento y su grupo político (ERC) no quiere más desafíos o provocaciones a los tribunales y defiende la vía política de negociación con los amigos (socios) de la izquierda española (socialistas y las gentes de Podemos y Comunes y otros).

¿Qué puede ocurrir? Nadie lo sabe, ni siquiera los artistas principales que trabajan sin guion, que van al día y que esperan que algo o alguien articulen una salida o algo parecido. Especular sobre elecciones catalanas o sobre cualquier otra hipótesis es especulativo. Las propias elecciones pueden dejar las cosas igual de embarulladas.

Los hechos ciertos hoy son que Torra ya no es diputado y que su presidencia está en el aire, sometida a interpretación, pero muy averiada en cualquier caso. Otro hecho es que hoy la alianza entre ERC y Juntos por Cataluña (antes Convergencia) está debilitada aunque sus objetivos sean los mismos. Una desavenencia que coloca al independentismo en confusión táctica y estratégica.

La ruptura del constitucionalismo (el consenso PSOE-PP9 que sustentó la Transición y diez legislaturas es un hecho evidente. Pero el quebranto del independentismo es otro dato de semejante alcance. Los supuestos del “proces” eran infundados, lo prometido no se ha cumplido y la situación es embarullada, incluso cabe proponer que “enmerdada” que según el diccionario significa “ensuciar, llenar de inmundicia”.