Los “togados”, otra especie a domeñar

No es casual que la primera confrontación política de la legislatura se produzca en el campo judicial, choque de poderes del Estado que nadie ha sido capaz de evitar y que coloca la democracia española en zona de riesgo, precisamente lo que pretenden los independentistas. El Gobierno de coalición ha colocado entre sus prioridades lo que llama “desjudicialización” de la política que no está claro qué significa, pero que se parece bastante a que el Poder Judicial no meta sus narices en los asuntos políticos. Algo que se parece mucho a lo que ocurre en algunos países del este de Europa, Polonia y Hungría, por ejemplo.

¡Qué barbaridad!, dirán algunos que creen en las inquebrantables convicciones democráticas de los actuales dirigentes del partido socialista. No les falta razón, las cosas no han llegado tan lejos aquí, pero van camino. El presidente Sánchez clama desde hace meses contra el “bloqueo”, es decir contra la quiebra del consenso entre los principales partidos para consolidar la gobernanza. Pero no se hace la segunda pregunta: ¿qué aporto yo al desbloqueo? Y no es fácil encontrar hechos, datos, ni siquiera palabras que avalen que esa sea su voluntad. El último gesto ha sido la designación presidencial de la Fiscal General.

El Presidente podía haber optado por una candidata (o candidato) que ayudara al desbloqueo. Se me ocurren más de una docena de nombres. Pero optó por la lógica de: … si no quieres caldo, dos tazas. Y esa decisión complica el relevo ordenado del Consejo del Poder Judicial y del Constitucional. Operaciones de calado que requieren visión de Estado, mirada de largo plazo, asunción de que la calidad institucional, la reputación de las instituciones es condición necesaria para consolidar la democracia. No parece que sea esa la prioridad y el interés del Gobierno. Tampoco de la oposición que reacciona como pollo sin cabeza respondiendo a las incitaciones o provocaciones con poca inteligencia.

El socio del Gobierno, cada vez más educado y conciliador, al menos en las primeras emociones del cargo, están de acuerdo con esta estrategia de confrontación. Iglesias ha descubierto otro mantra para sustituir la tesis de la “casta” que tan buenos resultados electorales le dio en su día. Ahora ha descubierto otro enemigo exterior, responsable de los males nacionales: “los togados”. Una nueva palabra para construir el marco del debate, para señalar a los malos, a los culpables. Son varios los comentaristas que utilizan el concepto de “los togados” como objetivo político inmediato. Los “indepes” se han apuntado a ese carro que forma parte de sus objetivos inmediatos, alejar al poder judicial del control político; ocupar ese poder, colonizarlo con afines, ponerlo de su lado, en lo que fuera posible. Cuando menos neutralizarlo para ganar maniobra. Nada sutil y muy peligroso.

Los togados no han hecho la transición proclaman en los entornos de la llamada izquierda y no la han hecho porque no actúan de acuerdo con sus preferencias y objetivos políticos, porque son antidemócratas. Hay que escuchar a Rufián y semejantes expidiendo certificados sobre quién es demócrata y quién no, sin que nadie le advierta que no disfruta del derecho de identificar a los buenos y señalar a los malos.