La guerra comercial referencia política actual

La lista corta de los riesgos geopolíticos para el 2020 que afecta a todos los países, especialmente a los desarrollados, está encabezada por la guerra comercial entre las dos grandes potencias: Estados Unidos y China. Una “guerra comercial” en una de las caras, las otras tienen que ver con tecnológica y la influencia global. La anterior “guerra fría” centró la política durante medio siglo (de 1945 a 1991, desde la postguerra hasta la disolución de la URSS) enfrentó dos modelos políticos y económicos: el occidental, capitalista y democrático; y el del este, socialista y totalitario. El resultado de esa confrontación es conocido y no supuso el fin de la historia, sino el de una historia. El modelo socialista de estado quedó reducido a países residuales, de Cuba a Corea, las autarquías del golfo y algunos otros países más o menos irrelevantes.

Ahora la confrontación es entre modelos de capitalismo democrático (que en el caso de EEUU va a menos) y el capitalismo autoritario que encabeza China, con Rusia a la zaga. Queda desacreditada la proposición de que capitalismo y desarrollo conducen a la libertad y la democracia; la evolución de China con el crecimiento económico más espectacular de la historia durante el último medio siglo arruina la proposición.

El mundo hoy está pendiente de la confrontación entre las dos superpotencias: Estados Unidos y China; en retroceso en su voluntad de hegemonía mundial, la primera; y en decidido progreso de influencia mundial la segunda. El futuro depende, en buena medida, del entendimiento entre las dos potencias, el informal G2 que desborda la anterior hegemonía y se desliza hacia unilateralismo o bilateralismo en las relaciones internacionales, como sustitución de la multilateralidad, con un desenlace que no está escrito ni resuelto.

China y Estados Unidos desdeñan los organismos internacionales multilaterales (los chinos con disimulo y los americanos sin esa cautela) y prefieren la bilateralidad con amenazas, amagos, acuerdos parciales… que van jalonando la actualidad. Hace un mes la guerra comercial estaba servida, amenazante, con baterías de aranceles y limitaciones al comercio. Esta semana hay tregua y las partes retiran las baterías y retornan a zonas de negociación. La guerra no ha acabado, la fase actual es de negociación, para recolocar las piezas de forma que satisfaga a las partes. Estados Unidos quiere reducir su déficit comercial y China trata de sostener su superávit en el que sustenta de expansión intercontinental, especialmente en África, Asia e Iberoamérica. La probable firma de un acuerdo parcial esta semana, quizá hoy, significa que el riesgo global disminuye y que hasta que concluyan las elecciones norteamericanas en noviembre la tregua puede durar, salvo un calentón del candidato/presidente Trump.

A España le importa lo que ocurra en ese conflicto en el que no tiene influencia. El cambio más importante de la economía española en lo que va de siglo es la apertura al exterior, la internacionalización de su comercio, que afecta a un tercio del PIB. Lo que ocurra en ese ámbito, más o menos comercio internacional, tiene impacto inmediato en la economía española, en el empleo, en el déficit y en la deuda.