Gobierno año cero, empieza otra fase

Con la toma de posesión de los ministros la política española pasa página y comienza otro acto del drama nacional, con los mismos actores (y algunos añadidos) pero con distinto libreto y final incierto. La fase de provisionalidad (bloqueo, decía Sánchez) ha concluido y empezamos otra partida con oportunidades y riesgos para los partidos principales, los que han vertebrado los gobiernos hasta ahora. Socialistas y populares.

La nueva temporada empieza con una novedad. El gobierno de coalición que significa una izquierda fracturada pero coordinada. De momento Iglesias-Podemos y confluencias han llegada al Gobierno y no muestran intención de desplazar a los socialistas, de desdeñarles o de imponer sus viejos objetivos. No percibir la evolución de Iglesias hacia el pragmatismo (como su viejo amigo Tsipras) es no percibir la realidad.

Cuantos tienen oportunidad de conocer a Iglesias y sus intenciones actuales aprecian su conversión al gradualismo, al posibilismo. Es obvio que quiere dejar huella, hacer cosas con decidido sesgo a la izquierda, pero… tacita a tacita. Colaborar con los socialistas forma parte de su agenda para la legislatura… y la siguiente. Es obvio que su aspiración es encabezar la izquierda, pero a lo largo de 2019 ha aprendido que el PSOE es mucho PSOE, que sin la generosidad de Sánchez este último mes asumiendo la coalición, Podemos hoy podía estar al borde del fin. Iglesias, con los peores resultados electorales desde su nacimiento hace cinco años, acumula más poder que nunca. Hoy ganaría el Vista Alegre III con mayoría abrumadora.

El socio, Pedro Sánchez, una vez armado el Gobierno, con las debilidades evidentes, dispone de más poder que nunca antes. Va a Sacar adelante el presupuesto y el único riesgo grave al que se enfrenta es el conflicto catalán que, de momento, está adormeciendo con la estrategia de los besos y abrazos. Cómo acabe esta historia dará la medida de la etapa Sánchez.

La oposición, el PP, después del desastre Rajoy, en posición de extrema debilidad, fragmentada por la derecha con un partido tronante,  VOX sin peajes y con mensaje duro. Al otro lado, Ciudadanos ha pagado un alto precio por la decepción de sus votantes ante las confusas estrategias de Rivera. Cómo dirigirá el atribulado partido Arrimadas es uno de los enigmas para la legislatura. No son pocos los que apuestan por un futura alianza con el PP de Casado cuando toque ir a las urnas, entre otras razones porque la derecha para volver al poder tiene que ampliar su base como en los tiempos de Aznar y ese es un viaje que requiere cintura, liderazgo y tiempo.

Desde hoy la política española ha entrado en una nueva fase con Sánchez e Iglesias crecidos y la oposición arrinconada aunque tronante. El caso catalán es la gran incógnita y el desafío para todos, especialmente para los “indepes” que transitan por un laberinto sin otra salida que volver a la base de partida de 2010, antes de que Artur Mas se fuera al monte ante el estólido Rajoy.