Qué significa "mesa política" y "consulta"

El acuerdo entre ERC y el PSOE, del que sabemos a ciencia cierta que hay acuerdo y poco más, es el hecho más relevante del nuevo año. Un acuerdo que implica que habrá de inmediato un gobierno de coalición de Sánchez-Iglesias (PSOE-Podemos) que será operativo la próxima semana. El acuerdo, además de habilitar un gobierno, inicia otra fase en la cuestión catalana que retorna a la vía del diálogo tras dos años de insurrección, de unilateralidad.

Tanto los socialistas de Sánchez como los independentistas de ERC se arriesgan en esa vía de diálogo su futuro político, ya que un fracaso condena a ambos a la decepción y el retroceso electoral, mientras que el éxito (es decir una nueva fase de conllevancia) puede tener rendimientos electorales para ambos partidos.

Hay pocas dudas de que el objetivo de ERC es la independencia, el estado catalán; pero también hay certidumbre de que ese objetivo a corto y medio plazo (esta década) es muy improbable. Tampoco hay duda de que los socialistas no podrían asumir ni explicar que por sus iniciativas y cesiones, Cataluña se desgajara de España. Esa situación arruinaría de por vida al PSOE y, desde luego a Sánchez.

Encajar ese dilema, salir de semejante laberinto, empieza por un buen uso de las palabras y sigue luego por la contundencia de los hechos, que son los decisivos. Sobre lo primero, las palabras, tenemos bastante experiencia del tendencia a la ambigüedad y el equívoco que puede conducir al éxito o al fracaso según cuál sea el resultado.

Hoy las palabras clave son "mesa política o de gobiernos" y "consulta". Nada nuevo, un paso más allá de lo que Artur Mas exigió a Rajoy con el "pacto fiscal" que suponía la antesala para el siguiente estadio de independencia. Rajoy dijo entonces que "ni podía ni quería"; mientras que Sánchez hoy sostiene que "puede y quiere". Encontrar el marco para un diálogo de gobiernos que los indepes sientan como bilateral y los socialistas como política pragmática, no parece difícil. En cualquier caso lo que se concrete en ese escenario tendrá que pasar por el Parlamento. Y sobre la consulta ocurre algo semejante. En su día Rubio Llorente apuntó un camino para abordar la consulta, con un modelo consensuado y a la canadiense. Nadie hizo el menor caso a la propuesta del constitucionalista hoy fallecido. Ahora merece la pena volver sobre su reflexión con la pasión contenida y la inteligencia despierta.

Parece obvio que lo que ERC y el PSOE entienden con "mesa política" y "consulta" puede no ser coincidente aunque le proceso puede llevar a la confluencia o a la discrepancia y el descarrilamiento. Todo es posible. Hoy unos y otros aparentan lo que quieren para satisfacer a sus bases y aliados, pero solo es el principio de un camino incierto.

Una palabra clave que ninguno ha utilizado es "lealtad"; una virtud, un estilo, un talante, un principio sin el que llegar a un final de éxito es imposible. ¿Serán leales los firmantes del acuerdo a lo que han acordado? Sus trayectorias, la de ERC y la de Sánchez, son poco ejemplares, el concepto de lealtad no forma parte de su historial. Lo que vaya a ocurrir durante los próximos meses está por ver, pero lo evidente es que la próxima semana empieza una nueva etapa política para los españoles.