La Cumbre del clima: fracasados e implicados

La Cumbre del Clima celebrada en Madrid por accidente concluyó con más pena que gloria. De las imágenes iniciales de apertura con mucha pompa y liturgia política multilateral a la desangelada clausura, con nocturnidad y retraso, sin formalidad, con muchas delegaciones que habían hecho las maletas horas o días antes, hay un abismo que evidencia el fracaso.

Era una Cumbre de seguimiento, para preparar la del año 2020 en Glasgow que debe ser más de decisiones que de deliberaciones; una Cumbre que debió celebrarse en Brasil, pero que recaló en Chile por sustitución, para acabar en Madrid por accidente, como solución de emergencia. Madrid acreditó que es una ciudad preparada para este tipo de acontecimientos que movilizan decenas de miles de personas. Todo transcurrió bien para los participantes.

Hay unos fracasados en la Cumbre: los gobiernos, la política, que ha sido incapaz de fraguar consensos y de proponer estrategias y medidas. Y unos implicados: las empresas y la ciudadanía. La activa presencia de dirigentes de centenares de empresas, tanto en la financiación (patrocinio y otros) como en los debates, ha sido un dato diferencial de otras reuniones semejantes. Las compañías han tomado conciencia, las muy contaminantes y las que no lo son tanto, y han asumido compromisos. El riesgo climático ha entrado en el mapa de riesgos de todas las compañías, especialmente de las más grandes, que han tomado nota del problema y han comprometido políticas activas para reducir su “huella de carbono”.

Los otros protagonistas de la cumbre han sido las organizaciones ciudadanas de todo tipo, que han desplegado su activismo para influir en los medios y en las personas, en la opinión pública. Entre estas organizaciones las hay de todo tipo y pretensiones, pero su voz se ha notado y proporcionado a la Cumbre un colorido y una notoriedad evidentes.

También sale reforzado el papel de los científicos, cada vez más interesados y equipados para analizar los datos y hacer proyecciones (arriesgadas, en muchos casos, a veces conjeturas…) que permiten dimensionar el problema sin fantasías ni apocalipsis, y aterrizar las soluciones razonables y viables. La comunidad científica ha reclamado más recursos para hacer su trabajo y más cooperación internacional.

La decepción viene de la política (una más) de los gobiernos que viven en el corto plazo, en lo inmediato y que no asumen el papel de la de pedagogía, del liderazgo y de las propuestas. El Gobierno español se dejó llevar primero por el entusiasmo de sacar réditos electorales personales por acoger la Cumbre, pero en cuanto percibió que el pozo tenía poca agua se desentendió para mirar a otro lado con su habitual inconsistencia, dedicados a aparentar.