Resignación del devaluado Banco de España

El Banco de España, en su preceptivo informe trimestral de “proyecciones macroeconómicas para la economía española 2019-2022” considera que los “riesgos al escenario central de crecimiento del PIB se encuentras orientados a la baja”. Muchas palabras, típicas en el lenguaje de los banqueros centrales, para decir que la economía va bien. Los pronósticos para el próximo trienio son de estabilidad, levemente a la baja (de un crecimiento del 2% este año al 1,5% para el 2022) pero con un sesgo más favorable que el apuntado en el informe del trimestre anterior (septiembre).

El cuadro que pintan los economistas del Banco de España es el de una economía estable, madura, sin sobresaltos, de alguna manera “resignada”. No se ven riesgos, ni externos ni internos, la volatilidad geopolítica ha entrado ya en el canon actual. Ni Brexit, ni guerra comercial, ni inestabilidad petrolera… ni gobierno nacional débil, ni tensiones territoriales, ni incertidumbres climáticas, ni interrogantes digitales… la economía marcha.

Precios estables (inflación entre el 0,8 y el 1,6 para el trienio); tipos de interés activistas, es decir negativos en varias décimas; tipo de cambio frente al dólar estable; precio del petróleo levemente a la baja entre 64 y 57 dólares/barril; deuda pública estabilizada en torno al 2% (que supone no bajar la cota de deuda) y tasa de paro levemente a la baja, del 14 al 12,5%. Unas previsiones que forman parte del consenso entre los expertos, de hecho el Banco de España da las pistas a los demás, les orienta.

En la economía de hoy un trienio es largo plazo, las previsiones se reajustan cada trimestre de manera que el pronóstico sirve de orientación. Con estas previsiones el banco de España no molesta a nadie, ni al gobierno ni a la oposición. No critica, no propone, no impulsa, no alienta… cumple una función con limpieza, sin molestar.

El papel del banco de España se ha ido devaluando a lo largo de este siglo, por efecto de la unidad monetaria (aunque no sea esa la causa) y, sobre todo de la mala gestión de la crisis de las cajas de ahorro que sorprendió al supervisor por lo que las decisiones se tomaron tarde, a regañadientes (tuvo que imponer la Comisión Europea el rescate) y con resultados costosos que se siguen pagando. Otro tanto con el caso Banco Popular, donde el Banco de España arrastró los pies hasta que Europa tomó cartas determinantes. La devaluación del Banco afecta a su reputación y a su compromiso. Explica unas estimaciones resignadas, cómodas y complacientes.

¿No ve riesgos en una economía que padece un paro de dos dígitos tras un largo período de crecimiento, ¡una década!? ¡No ve riesgos en una economía que tras un ciclo largo de crecimiento mantiene un déficit crónico por encima del 2% con un stock de deuda creciente? ¿No ve riesgos en una economía que incumple sistemáticamente los compromisos de la convergencia e incluso el mandato de la reforma constitucional del art. 135?