Los agujeros del triunfo de Boris

A Boris Johnson los amigos, los de casa, le llaman Al (por Alexander) pero para la vida pública prefirió Boris, segundo nombre, que suena más original y exótico. Un indicio más del ser y el estilo del personaje, un pillo simpático, un mentiroso divertido. Ha ganado otorgado a los conservadores una victoria histórica, una cómoda mayoría de 365 asientos (56% de la Cámara) que facilita la ejecución del Brexit y la aplicación de la política conservadora que Boris estime conveniente durante los próximos cinco años.

La victoria es incuestionable, la mayoría es abrumadora, pero incluye algunos agujeros y debilidades que complican el futuro de Boris. La base de su éxito no radica tanto en la captación de más votantes (ha logrado 1,2 puntos más que su predecesora) sino en el derrumbe del adversario, de los laboristas de Corbyn que han perdido 8 puntos. La diferencia engorda la cosecha de escaños conversadores en feudos que antes fueron laboristas. De manera que una vez más la victoria se sustenta en la derrota del contrario. Muchos votos prestados sensibles a la decepción a poco que las cosas vayan de regular a mal.

Otra de las debilidades que aguardan a Johnson se llaman Irlanda del Norte y Escocia; en ambos territorios los grupos separatistas, los unionistas norirlandeses y los nacionalistas escoceses han logrado el mayor número de puestos aunque con un número de votos que no dejan clara una victoria rotunda en un referéndum de separación, para el que Johnson ha advertido que no dará la menor oportunidad.

El divorcio con la Unión Europea que ahora es un hecho inmediato abre al gobierno Johnson la agenda escocesa y la norirlandesa que cursarán con alta temperatura a lo largo de los próximos meses. Tampoco es menor el problema de recoser el partido conservador que hoy está galvanizado en torno al líder triunfador pero con tensiones internas que aflorarán con los primeros reveses políticos que tardarán en aflorar.

Un factor de tranquilidad para Johnson es la inconsistencia de la oposición que ha salido laminada de estas elecciones. Los liberal demócratas tendrán que hacer su enésimo relevo en la dirección con unas expectativas muy negras para el futuro. El sistema mayoritario a una vuelta asfixia a los partidos menores, solo caben los grandes. Y los laboristas, con el indolente y testarudo Corbyn tratando de controlar su sucesión afronta una crisis interna profunda y para muchos meses. Corbyn considera que su derrota es culpa de otros, que hay poco que reprocharle, lo cual le convierte en un aliado de Johnson para consolidar su victoria.

Han ganado los que sueñan con aquel león del imperio que se fue hace muchos años y que nunca volverá. A Johnson no le debe importar demasiado ese león, su sueño era llegar a primer ministro con las manos libres para actuar. Y eso ya lo ha conseguido, ahora le queda entrar en la historia sin año.