Los desgobiernos del Reino Unido e Israel ¿un consuelo?

Los israelíes volverán a votar por tercera vez en un año, la nueva cita ves para marzo tras fracasar las dos anteriores. Se equivocaron los electores, eligieron mal y tendrán que repetir. Esa es la excusa de unos políticos polarizados que no han sido capaces de articular una mayoría. El caso del Reino Unido es distinto, aunque también tiene síntomas de colapso del sistema. Cuando lea esta columna conoceremos los resultados definitivos (madrugada del viernes), pero los electores han tenido que elegir entre lo malo y lo peor, sin que me sea posible atribuir una persona a cada concepto que sirven para los dos candidatos principales.

Boris Johnson es un bribón, un pijo mentiroso al que no se puede creer porque miente y es arbitrario a cada rato. Los británicos lo saben pero le ven divertido y ambicioso. Es lo que hay. El otro candidato no es divertido, ni mentiroso, sus características le llevan al club de los indolentes perezosos. Su currículo es deprimente, lo más meritorio está en los cientos de veces que votó en contra de su partido y en la remontada a través de primarias una vez que sus colegas diputados le despidieron. Un tipo tan poco fiable como su adversario. Pero también es lo que hay.

Ambos casos en dos democracias contrastadas aunque muy distintas aportan consuelo a los españoles; nuestro caso no es diferente, nos parecemos en nuestras penurias. Si tenemos que ir a otras elecciones no será una anomalía, les ha pasado a otros, incluidos belgas o italianos que también saben lo que es un sinvivir en la política.

La mediocridad, la falta de idoneidad de los candidatos, legítimos pero incompetentes, en el Reino Unido también nos trae cierto consuelo, en todas partes cuecen habas. La mediocridad no es marca hispánica ocurre en otras latitudes.

Lo interesante de estos casos de fracaso político es la resiliencia de las sociedades que lo padecen que soportan el desastre con resignación y se aplican para sostener el tinglado social con notable aprovechamiento. Los hospitales funcionan, las escuelas abren cada mañana, las fábricas producen, los comercios venden y los ciudadanos siguen pagando facturas e impuestos. Se pierden oportunidades, hay lucros cesantes, pero la vida continua mientras los políticos profesionales, de aquí y de allá, hacen ostentación de sus carencias.