Rafael Ribó como síntoma del “populista” independentista

Jared Diamond es un biogeógrafo e historiador de éxito. Sus libros lo acreditan con creces. Visitó Barcelona estos días para presentar su último libro: “Upheaval” o “Crisis” (Edit. Debate) un tocho en el que analiza cómo reaccionan algunos países (Japón, Alemania, Australia, Estados Unidos, Chile, Indonesia y Finlandia) ante situaciones de crisis. Entrevistado para “La Contra” de La Vanguardia por Victor-M Amela, Diamond propone una definición sencilla y clara para el populismo: “Populista es todo líder que culpa a un tercero de los males de un país o sociedad”. No se puede decir más con menos palabras. Prueba del algodón para identificar populistas de cualquier color. Va al pelo a los “indepes” que tanto espacio ocupan en los medios estos días. Más aun, sirve para uno de ellos, Rafael Ribó (74 años) Síndico de los Agravios de Cataluña (defensor del pueblo) que se entregó al modelo de culpar a terceros de los problemas propios.

Ribó no pestañeó cuando le preguntaron en una emisora de radio de Barcelona por el problema de las listas de espera en la sanidad pública catalana: dijo “la sanidad catalana es excepcional, muy buena, tanto que vienen de fuera a tratarse. El problema de la listas de espera es que vienen tantos que colapsan el sistema”. De manera que son los otros, los no catalanes, los que alargan las listas de espera.

El defensor del pueblo catalán ejerció (no es la primera vez) de defensor del Gobierno, una inversión del papel y la responsabilidad que le toca. Se comportó como un populista de libro. Con un agravio adicional: su afirmación no puede sustentarse en datos, es un prejuicio y una mentira. Doble falta.

Inmediatamente han salido personas documentadas para desacreditar la opinión de Ribó: no son “los otros de fuera” los que engordan las listas de espera, los que perjudican a los buenos catalanes. Los que vienen de fuera son pocos y además pagan, porque hay mecanismos internos entre las autonomías para asignar costes.

La mentira es tan gorda, el prejuicio es tan penoso que si el señor Ribó tuviera un ápice de vergüenza rectificaría su opinión e incluso, dada su trayectoria, podía pensar en abandonar un cargo en el lleva ya 15 años, aunque las normas dice que el mandato es por nueve años no renovable; un cargo que requiere la aprobación del Parlamento catalán por mayoría reforzada de 3/5; por encima de la aspiración de sus colegas “indepes” para imponer la independencia.

Ribó es un veterano de la política de la que ha vivido desde hace medio siglo como diputado en Barcelona y en Madrid y como secretario general (y liquidador) del viejo PSUC. No tiene vida ni obra fuera de ese horizonte. Es nacionalista desde pequeño e independentista poco después. Y como tal culpa a terceros de los males propios, lo que Diamond define como un “populista”, una enfermedad peligrosa que cursa muy cerca del nacionalismo identitario, el de Ribó, que quizá no es consciente del síndrome.