Palabra de Sánchez… ¿cuánto vale?

Dice Sánchez que la negociación con los independentistas de ERC se hará “dentro de la Constitución y con transparencia”. Por tanto: “palabra de Sánchez… palabra de presidente”. ¿Qué alcance tiene la “palabra de Presidente”, cuánto vale esa palabra? De primeras dadas hay que decir que vale mucho, que la palabra de un presidente de partido y de gobierno tiene que ser fiable por lo que representa y por la ejemplaridad debida y obligada.

Pero la historia y la realidad nos enseñan que la palabra de un político en activo, en pleno ejercicio de su función y responsabilidad, hay que tomarla con mucha cautela. Las palabras de un personaje como Abrahán Lincoln a los senadores y congresistas para captar su voto o evitar su oposición estuvieron preñadas de mentiras, ardides y trampas. Había que ganar una votación decisiva sobre la guerra y para ello uno de los más admirados y respetados presidentes de los Estados Unidos recurrió a todos los trucos posibles. Ganó y le llegó la gloria. El fin justifica los medios. La razón política, sobre la que creó doctrina Nicolás de Maquiavelo hace más de medio milenio, se impuso a otros principios morales que tienen que ver con la verdad inmediata. ¿Puede emular Sánchez a Lincoln ante la crisis catalana? Dejo la pregunta sin respuesta porque no la tengo, quede abierta la hipótesis.

Por tanto la palabra de Sánchez tiene el valor de la palabra de un político en apuros que tiene objetivos definidos de difícil consecución. Y además de ese principio general tenemos a mano en el caso particular del Dr. Sánchez, que durante un corto período de tiempo ha acreditado una cintura para adaptarse al terreno y las coyunturas que para sí quisiera el primer bailarín del teatro más exigente.

Lo que Sánchez ha dicho con el paso de los meses de sus aliados preferentes (primero) y socios de investidura (ahora) son conocidas y son relevantes por las variaciones, por la adaptación a los tiempos. Rectificar es humano, incluso puede ser inteligente, pero también requiere de explicaciones amplias y convincentes. Y en materia de explicaciones el Dr. Sánchez no ha brillado, lo suyo es más bien la resistencia audaz.

La crisis catalana forma parte ya de la lista corta de preocupaciones de los españoles (entre las tres primeras) y, sin duda, es la primera para cualquier dirigente político de primer nivel ya que desafía su agenda, su desempeño y su legado. Zapatero acarició la idea de que iba a resolver la cuestión catalana (yo mismo se lo escuché en alguna ocasión) pendiente desde hace casi dos siglos. No lo consiguió, más bien complicó el problema. Sánchez trata ahora de emular a Zapatero y está decidido a entrar en materia por la vía más escarpada.

Como advierte que lo hará con “transparencia y dentro de la Constitución”, habría que otorgarle un voto de confianza, entre otras razones porque a poco que haya reflexionado sabrá que ese reto va a dar la medida de su legado, de su página en la historia que siempre es algo que preocupa e inquieta a los hombres públicos. Por tanto: Palabra de Sánchez… que le será reclamada.