Congreso y Senado anticipan desempeño

Las sesiones inaugurales de Congreso y Senado han dado la medida de lo que viene para esta XIV legislatura que arranca en términos parecidos a la fracasada legislatura anterior; semejante espectáculo y guion con un añadido de la presencia ruidosa de Vox como quinto partido nacional y tercero por número de votos.

El choteo con respecto al acatamiento de la Constitución (¿es necesario acatar?) discurrió por los mismos derroteros de ocasiones anteriores, es decir con nulo respeto a las instituciones y manifiesto desprecio a la Constitución. Un comportamiento bochornoso, nada educado, pero que forma parte de lo habitual. La treintena de diputados que quieren irse del marco constitucional muestran su posición en ese momento con proclamas sin coste que son tan inútiles como extravagantes.

Lo sustancial de la sesión no viene con los discursitos de toma de posesión o el desarrollo de la sesión, sino con la distribución del poder para gestionar las cámaras a través de sus mesas de gobierno. El procedimiento electoral con tres votaciones, una para la presidencia, otra para las cuatro vicepresidencias (dos en el senado) y otra para las cuatro secretarias, lleva a componer bloques para optimar el resultado.

El orden de preferencias de los distintos partidos es sencillo y obvio: lo principal es lograr la mayoría de los asientos (cinco en el Congreso y 4 en el Senado) para el primer grupo y sus aliados. En segundo término lograr la presidencia, y en posición más secundaria la vicepresidencia primera que sustituye al Presidente en caso de ausencia. Esas tres palancas permiten controlar la casa, aunque sea con el contrapeso de la junta de portavoces que se firma con peso ponderado por los jefes de los grupos parlamentarios.

El grupo socialista ha obtenido todos los objetivos posibles: controla la mesa del Congreso (seis asientos repartidos a mitades con Unidos Podemos) y la del Senado (tres asientos y uno de PNV). Además los socialistas obtienen las vicepresidencias primeras de Congreso y Senado. Por tanto pleno para los socialistas. Y además dos pillerías coyunturales: la primera dar entrada a VOX en la mesa del Congreso (nada de cordones sanitarios). Los socialistas y sus aliados podían haber superado los votos al candidato VIOX pero no lo hicieron. La segunda ha sido otorgar a Unidos Podemos (cuarto grupo por número de diputados) tres asientos en la Mesa. Lo nunca visto, con 35 diputados (10%) tres asientos en la mesa (33%).

El PP tenía poco que ganar y que perder; que la oposición tenga tres o cuatro asientos en la Mesa del Congreso no es relevante. Ha hecho gestos hacia VOX y Ciudadanos pero han sido inútiles. Unidos Podemos sale reforzado en su representación, aunque sin consecuencias efectivas. Y Vox acredito cierto infantilismo (enfermedad del extremismo) ya que no puede argumentar aislamiento pero ha hecho posible que la izquierda sume más. El resultado es una Mesa muy poco proporcional, prima a la izquierda pero sin alterar el reparto salido de las urnas. El Pleno no ha brillado ni por ejemplaridad ni por altura intelectual: bronca y extremismo, polarización y choteo.