Primarias y ratificaciones de las bases   

Que existe crisis en las democracias es un dato, además de una opinión; que esa crisis es generalizada también. La regeneración de la democracia es un eslogan clamoroso y una necesidad, pero aunque hay conciencia de ello los avances son irrelevantes, incluso puede que retrocedan. El barómetro del CIS coloca la crisis política como segunda preocupación de los españoles, después de la inquietud por el empleo, lo cual significa clamor por un cambio, por reformas, reconocimiento de errores y propósitos de enmienda.

En España los partidos han tomado dos medidas de regeneración: las primarias y las consultas a la bases. Los resultados de ambas acentúan la crisis, en vez de estimular la participación y el debate, de mejorar el control y la democracia interna, contribuyen a lo contrario, a la consolidación de los aparatos y a híper liderazgos acríticos.

Las críticas al modelo de primarias crecen con el paso del tiempo a la vista de las consecuencias. Van en demérito de la democracia representativa (que reforzaba el poder de los aparatos intermedios que controlaban los procesos) sustituido por un modelo que produce caudillismo sin merma del poder del aparato. El líder, con el refrendo de las bases, desborda las instancias intermedias a las que ya no dan cuentas y a las que tampoco escuchan. Ahora el aparato en torno al líder ocupa todo el poder. Hoy Pedro Sánchez (fruto de primarias) tiene más control del partido del que tuvieron todos sus predecesores y la democracia interna del PSOE se debilita.

El caso de las “consultas a las bases” es más decepcionante. Estos días hemos conocido cuatro consultas (PSOE, Unidas Podemos, Izquierda Unida y ERC). En todos los casos se han registrado mayorías búlgaras, por encima del 90% de apoyo al jefe. Y en todos los casos la participación sobre censo ha oscilado entre el 20 y el 50%. Eso a pesar de las facilidades para votar, que en ocasiones consistió en pulsar una tecla desde casa.

Esta semana la expectación en los telediarios para conocer el resultado de la votación en ERC (anunciada justo en hora de conexión directa con cierta emoción) resultaba cómica. Votaron ¡cinco mil personas! que aclamaron la propuesta (una pregunta ambigua y tramposa) de la dirección. Y con eso abrieron varios noticiarios nacionales fascinados ante tamaña democracia interna. Y no se trata de algo nuevo, viene ocurriendo desde hace unos años y no hace falta mucha reflexión para darse cuenta de que se trata de trampantojos para aparentar. Los líderes renuncian al liderazgo para escudarse en el burladero de la consulta a las bases.

Regenerar la democracia pasa por reducir el poder discrecional de los partidos, por incentivar la resistencia al poder y el equilibrio de los poderes. Pero de eso no quieren hablar, todo lo contrario. Más poder a las cúpulas, al líder y a sus acólitos, la mayor parte de los cuales presentan, sobre todo, méritos de fidelidad al jefe, experiencia de aparato y mucho desconocimiento de la vida real y sus avatares. El partido como forma de vida, como fuente de ingresos y de poder. Y mucha palabrería inútil, mucho ritual negociador para darse pote.