Telefónica se agita para ponerse molona

El Presidente de Telefónica ha ejecutado con ortodoxia un cambio estratégico para modernizar la compañía y ponerla “molona”, sobre todo a los ojos de los inversores que la ven, todavía, insuficientemente equipada para la era digital. José María Álvarez-Pallete ha ejercido de presidente ejecutivo y ha liderado la operación; pero ha sabido actuar teniendo en cuenta al Consejo de Administración, reunido en sesión larga (dos días) y extraordinaria en Barcelona para conocer y debatir la nueva estrategia. Y a renglón seguido lo ha comunicado al público con dominio de la escena, sin disidencias, sin filtraciones y sin esos agraviados que pueden oscurecer las decisiones. Por tanto liderazgo e iniciativa. Un buen comienzo para lo que quiere ser un cambio de ritmo.

Telefónica es una de las grandes compañías del sector en el mundo, sin un gran mercado de referencia base (España no lo es) han construido una de las compañías de telecomunicaciones (y algo más) con futuro en el mundo. ¿Cómo fue posible? Merece un estudio serio del caso, de los que hacen las escuelas de negocios, porque tiene elementos singulares que merecen análisis. La clave pudo estar en la acertada expansión internacional de finales del pasado siglo, también en la existencia de un equipo humano más capaz de lo que muchos imaginaron. Incluso en los riesgos que asumieron los sucesivos equipos directivos durante las dos últimas décadas, durante las que no han faltado errores (quién no les comete) pero también aciertos evidentes.

Pallete ha agitado la compañía a fondo, aparentemente solo hay cambios de estructura y jerarquización de los negocios entre los esenciales y los secundarios, el surco grueso y los secundarios y prescindibles. El sector es de los más afectados por el cambio tecnológico, de los que exigen tomar decisiones y arriesgar; pasos adelante y alguno atrás.

 

Telefónica ha querido ser más que una empresa de redes de comunicaciones. No ha querido renunciar a los contenidos porque la telefonía es residual, lo menor en la banda. Quiere ser gestor de datos, la nueva materia prima del presente, con liderazgo en sus mercados. Por eso se repliega en los países más pequeños o imprevisibles para concentrarse en Brasil, Reino Unido, Alemania y España. Sin descartar otras oportunidades porque el sector está en cambio. ¿Qué oportunidades, o riesgos, supondría la integración de las compañías alemana y francesa u otras arquitecturas inimaginables hasta que alguien las concrete?

Telefónica necesita ser “molona” para los inversores; necesita que la den mejores precios, que sea valor fijo en todas las carteras importantes. Porque la cotización sin ser lo único que importa es lo que importa para que lo demás sea posible. Y la cotización de Telefónica no ha ido bien y las causas que se atribuyen no proporcionan una explicación suficiente. Hay más psicología que tecnología en el valor intangible de Telefónica y explicarlo es complicado.

La nueva estructura tiene que llamar la atención de los inversores, ayudarles a detectar el valor oculta de la compañía (si es que lo tiene) que debe empujar la cotización. Ese es el desafío de Pallete y se afana para conseguirlo. Agitar la compañía, hacer bailar al elefante, al menos es proactivo e inteligente.