El triángulo que gira en torno al caso Villarejo

Uno de los temas recurrentes de la política nacional, en su zona oscura, tiene como vértice las actividades del comisario Villarejo, un poderoso policía que ha circulado por las cloacas durante cuatro décadas con impunidad y con una práctica esmerada de la puerta giratoria: por la mañana al servicio del gobierno y por tarde al de terceros, es decir en beneficio propio. Las peripecias de Villarejo ponen de relieve algunas de las deficiencias y debilidades de la reciente democracia española. En torno a Villarejo se destapan ahora tres tramas paralelas y deprimentes:

La primera, la más conocida, se refiere al recurso de directivos de algunas grandes empresas a las cloacas para obtener información al servicio de los intereses de sus directivos; actuaciones de inteligencia (las llaman) que serían legítimas si no traspasaran los límites de las leyes, los derechos de terceros. Con el paso del tiempo esas tramas, destapadas ahora, resultan escandalosas, decepcionantes y contribuyen poderosamente al desprestigio de los empresarios; algo que viene de atrás, de las últimas décadas del pasado siglo, con una lista de nombres (Conde, de la Rosa, Díaz Ferrán…) y de materias (opas, preferentes, desahucios, clausulas suelo…). Una larga lista que aconseja al ámbito empresarial a la autocrítica, al examen de conciencia y al propósito de enmienda, es decir a la atrición y la contrición, que no están en la agenda de las organizaciones empresariales. Operaciones casi todas ellas de dudosa eficacia a poco que se analice su ejecución.

La segunda trama a la que nadie presta atención tiene que ver con la “trenza” o “trama” de intereses tejida por un serie de comisarios de policía que abusando de su poder compusieron una casta con vida paralela en las grandes empresas que les encomendaron (por sugerencia el Ministerio del interior en muchos casos) ocuparse de la seguridad de los altos directivos y de las propias compañías. Algunos de esos comisarios han desbordado las leyes y han utilizado sus privilegios en su provecho y, en ocasiones, con prácticas próximas a la extorsión, capturando a sus jefes convertidos en tontos útiles. Esta trama merecería una comisión de investigación severa y rigurosa para concluir con un código de incompatibilidades y de comportamiento de los jefes de la policía.

La tercera trama se refiere al propio Villarejo que desde la desesperación del procesamiento y la prisión preventiva y permanente va desafiando a tantas gentes como puede para conseguir salir ileso de sus avatares judiciales. Algo que roza lo imposible, aunque el famoso comisario no lo entienda. Ha presionado en todas las direcciones e instancias, ha desvelado sus actividades y a su asustada clientela con intención de presionar en su provecho. Nada le ha servido, ni siquiera la amenaza de que seguirá lanzando bombas cada vez más letales. Ya no son tan peligrosas; solo contribuyen a aumentar el número de causas y encausados, añadiendo casos e investigados que ya no impresionan.

Son tres planos paralelos, interconectados, que conviene distinguir para colocar a cada cual en su sitio para llegar a cerrar la aventuras con exigencia de responsabilidades hasta donde sea posible y caiga quien caiga, aunque solo sea para aviso a navegantes, para no reincidir.