La capacidad de gasto público no es elástica

El debate del momento es si habrá (o no) gobierno y cómo será su composición. Por equivalencia, siempre odiosa, me recuerda aquellos gobiernos del último franquismo pendientes de la voluntad del señor de El Pardo y de quienes le soplaran al oído. Se hacían quinielas sobre los nombres que entraban o salían de las preferencias ministeriales. Y ahora ¡volvemos a las quinielas!, con fundamentos muy circunstanciales, como quién ha hablado con quién, cuales parecen mejor posicionados etc. Todo divertido, probable y evanescente.

Mientras tanto sobre el Presupuesto y las cuentas públicas hay poco debate más allá de las generalidades de los “acuerdos” y de los “programas”. Parece que la reversión de las reformas laborales es uno de los pilares del acuerdo de gobierno, pero la ministra de Economía en funciones, vicepresidenta in pectore y delegada (de o ante) la Unión Europea, declara que el coste del despido está bien donde está. ¿Amén?

De Bruselas llega el mensaje de que más ingresos deben ir a amortizar deuda, que los compromisos de la “convergencia” hay que recuperarlos y entre ellos era central que la deuda no supere los dos tercios del PIB. Alemania cumple, algunos de los países de su zona de influencia también, pero no los del sur empezando por Francia, España e Italia. Nadie habla de los PIGS (Portugal, Italia, Grecia y España) pero flota en el aire sin recordar y señalar que deuda por encima del 100% del PIB no será bien vista. Pero flota en el ambiente esa limitación tácita, líneas rojas.

El nuevo gobierno además de la reversión de algunas reformas predica que hay que incrementar los gastos y los ingresos. Subir los primeros es bastante sencillo, el repertorio es amplio y con un par de “viernes sociales de consejo de ministros” se pueden comprometer miles de millones con carácter permanente, hay repertorio justificado. La otra hoja de la tijera se llama ingresos: más impuestos, más recaudación. Algunas de esas subidas están descritas y cuantificadas, con más o menos precisión y generosidad.

El problema es que gastar es más sencillo que ingresar. Además el mensaje de los socios y vigías de Bruselas es que esos mayores ingresos no pueden ir directamente a más gasto sino en buena parte a reducir la deuda; y desde luego no a aumentarla, que es lo que la economía española viene haciendo de forma permanente desde hace una década, con el desequilibrio del sistema contributivo de pensiones en primer término.

El encaje del Presupuesto será el primer gran problema del nuevo gobierno que tendrá que abordar de inmediato, con una primera exigencia, la elasticidad del gasto es muy estrecha, habrá priorizar y evaluar y decir No o más tarde a muchas demandas y compromisos, lo cual requiere mucha autoridad.