Sentarse y dialogar, ¿y qué otra cosa se hizo los últimos cincuenta años?

Las declaraciones, los eslóganes, de los independentistas tiene varios ejes prioritarios e insistentes: uno de ellos es “queremos dialogar”. Me pregunto ¿qué otra cosa han hecho los partidos democráticos preconstitucionales y constitucionales que dialogar con los partidos catalanistas? Desde las sucesivas mesas, plataformas… que precedieron a la Transición los nacionalistas catalanes han tenido sillón preferente en todas las negociaciones.

Los Pactos de la Moncloa, acontecimiento germinal de la democracia y el consenso, tuvieron diez firmantes (hay fotos elocuentes) que representaban otras tantas fuerzas políticas, tres eran catalanes (Roca, Raventós y Triginer) y uno vasco (Ajuriaguerra). El reconocimiento de la Generalitat por voluntad del gobierno Suárez en 1977 tras una inteligente conversación con Tarradellas y hábiles negociaciones de políticos catalanes (una larga lista) y madrileños (otra larga lista) fue otro ejemplo de diálogo. Vaya si hubo diálogo

Los redactores de la Constitución fueron siete, dos de ellos (Roca y Solé Tura) catalanes. El referéndum de la Constitución fue abrumadoramente votado a favor en Cataluña. El primer Estatuto de Autonomía catalán fue negociado y aprobado, a renglón seguido de la Constitución y emanado de ésta, con total respaldo del Parlamento español y de los catalanes.

El Pacto de Toledo, tercer gran acuerdo de la democracia española, fue propuesto por el grupo catalán del Congreso, así como numerosas leyes y enmiendas planteadas por el grupo catalán que fue especialmente diligente y activo, ora con populares, ora con socialistas o con ambos.

Los gobiernos sin mayoría absoluta de Felipe González y de José María Aznar contaron, tras oportuno diálogo e intensa negociación, con el respaldo de los nacionalistas catalanes. El Gobierno de Zapatero gozó del apoyo parlamentario estable de ERC y, en ocasiones, de la Convergencia de Pujol y Mas. La lista podría ser más exhaustiva pero lo evidente e indiscutible es que el diálogo entre los gobiernos de España y los grupos catalanistas ha sido permanente, intenso y provechoso, especialmente para que el Gobierno catalán alcancen niveles de autogobierno que comparan muy a favor con los de cualquier estado federal.

Rajoy dialogó con Mas y fue éste el que dio un portazo cuando no consiguió el pacto fiscal que pretendía motivado más para enmascarar sus recortes que por otra cosa. Mas se hizo independentista porque no consiguió imponer sus tesis en un momento complicado para todos.

Por eso esgrimir la ausencia de diálogo entre España y Cataluña es una colosal mentira. También lo es que el derecho internacional ampara un derecho de autodeterminación para Cataluña. Y todavía más inaceptable es que quien esgrime el “diálogo” como argumento califique al otro de “fascista, autoritario y demás lindezas… que sencillamente son inaceptables y un candado a cualquier diálogo. Sin retirar las lindezas el diálogo es imposible, supone claudicación, y eso no es diálogo.