Sánchez e Iglesias, híperlíderes que deciden

Pedro y Pablo firmaron el preacuerdo de Gobierno con pleno ejercicio de su liderazgo soberano. Consultaron, más bien informaron, a sus equipos personales, muchos de ellos expertos contratados que ni siquiera militan en los partidos. Ejercicio de autoridad, demostración de liderazgo. Sánchez se reunió el lunes con la Ejecutiva del PSOE y no les dijo ni palabra de lo que había decidido unas horas antes.

La discreción era una de las claves para la salida del “laberinto político”, expresión reciente del propio Sánchez. Este hecho me ha recordado el comentario de un consejero de PRISA que años atrás ante la mesa donde se reúne el consejo de la compañía me comentó (por bajinis) “aquí es donde Jesús (Polanco) nos informa de las decisiones que ya ha tomado”. No solo en esa mesa se cuece lo ya cocido, ocurre en muchas otras de la política y las empresas.

Frances de Carreras alertaba esta mañana en su columna de El País sobre las consecuencias perversas de las “primarias” que en vez de reforzar la participación, representatividad y la democracia interna de los partidos lo que alienta es el caudillismo. ¿Quién le tose a un líder designado por las bases directamente… cómo se expresan esas bases a la hora de controlar al líder? Sánchez, con el descaro que le adorna, puede decir que las bases se expresaron la noche del domingo ante la sede de Ferraz reclamando un acuerdo de izquierdas, los mismos que en abril decían “con Rivera no”.

Sánchez no consultó ni a la Ejecutiva, ni a los barones, ni a ilustres militantes, tomó la decisión por sí mismo, ordenó a su sanedrín que tomara las medidas necesarias: redactar un documento ad hoc y preparar la liturgia de la firma. Y punto. Nadie le va a criticar, nadie se atreve a cuestionar al líder; pero algunos toman nota y rellenan el pliego de cargos para utilizarlo cuando toque. Ninguno de sus antecesores al frente del PSOE tuvo tanto poder. A Felipe González componer el Gobierno (con mayoría absoluta) le costaba una ronda de conversaciones y negociaciones con dirigentes del partido. También Aznar tenía que hacer consultas y escuchar opiniones. Sánchez ha tomado una decisión histórica, un Gobierno de coalición con la izquierda, incluido el PCE, en un rato, sin consultas ni razonamiento sobre riesgos y oportunidades. Una característica que acredita que el poder de los partidos, del líder, caracteriza estos tiempos. Democracias averiadas sobre las que los académicos vienen advirtiendo.

Iglesias está más habituado a consultar a las bases (lo hizo incluso para ratificar la compra de su casa en Galapagar), pero en este caso se limitó a informar a un reducido círculo de dirigentes leales. Todo por mor de la discreción y la eficacia. Ya se consultará con garantía de asentimiento. El híper liderazgo puede ser un activo, facilita tomar decisiones arriesgadas, marca un estilo. También tiene costes aunque sean retardados.