Rivera enseña el camino

La noche del domingo, tras las intervenciones de los líderes y en concreto la del gran perdedor, Albert Rivera, se cruzaban apuesta sobre su futuro. Unos apuntaban a su inmediata dimisión; otros señalaban que lo dejaría a la voluntad del Congreso del partido que tendrá lugar a principios de año, y no faltaban los que señalaban que no se va, que aquí no dimite nadie si no le despiden. Han ganado los primeros, los que detectaron en sus palabras la despedida que debía oficializar ente la ejecutiva del partido con carácter inmediato.

Rivera es un buen orador, de los mejores de esta tanda de líderes, y construyó una buena despedida, que le salió de un tirón, sin gimoteos ni excusas. Asumió la responsabilidad del fracaso y reivindicó que tiene derecho a otra vida. Ni liderazgo, ni escaño, ni plazos, no compensaciones. Al fracaso… retirada. Lo que vaya a ocurrir ahora con Ciudadanos es otra historia. Para empezar los gestores del partido, sin esperar al nuevo liderazgo, tendrán que iniciar de inmediato un ajuste a fondo de costes porque la actual estructura no se puede pagar. Un ajuste que tendrán que abordar con transparencia y generosidad (si pueden) para evitar irse por el desagüe. Otra opción en entregarse a otro partido con posibilidades.

Gestionar eficazmente el fracaso es condición necesaria, aunque no suficiente, para sostener y regenerar el partido. El primer paso, la dimisión del líder, es correcto. Ahora viene acertar con el procedimiento de relevo y la elección del equipo directivo que debe tener en cuenta los errores cometidos lo cual pasa por analizar las equivocaciones estratégicas de los dos últimos años. En ese proceso no deben perder de vista las posiciones ganadas en gobiernos autonómicos y locales en alianza con el PP. Ciudadanos ya no es lo que era y eso afecta a las alianzas en vigor.

Por lo que vamos viendo durante las últimas horas, al margen de la determinación de Rivera, los demás partidos perdedores (casi todos) de la jornada electoral andan lejos de reconocer el correctivo que les dieron los electores. Y sin entender lo ocurrido no habrá enmienda ni adaptación a la realidad.

Rivera les ha marcado el camino a unos cuantos líderes en el ejercicio de la función, pero no hay indicios de que alguno vaya a tomar nota. Desde luego que Iglesias no está por la labor, ni Errejón que ha hecho un viaje a ninguna parte. Incluso Pedro Sánchez, que quiere lucir de ganador, que se jacta de nº 1, ha visto como sus tácticas y maniobras se le han ido abajo. Estaba mejor de lo que está ahora pero nadie en el partido le va a pedir explicaciones.

Tampoco ha salido bien librado Casado, que mejora posición, que salva los muebles, pero que tiene que analizar algunos fracasos en el país vasco, en Andalucía o en Murcia donde Vox les amenaza seriamente. Gobernar esas comunidades no se ha traducido en mejora de la posición.

Estas elecciones dejan la situación un poco peor que antes, pero también traen movimientos tectónicos de fondo con consecuencias por llegar.