10N: la tostada cayó por el lado de la mantequilla

Nadie ganó las elecciones. Si el panorama de la anterior legislatura era escabroso, cercano a la ingobernabilidad (así lo acreditan los hechos) el nuevo es más complicado. Antes cabía un acuerdo por el centro izquierda entre socialistas y Ciudadanos, y ahora no. Y el pacto por la izquierda y los independentistas que no llegó a ser (por más que Podemos lo intentó) ahora es tan complicado como peligroso.

Pedro Sánchez (PSOE) ha fracasado ya que retrocede en votos y escaños y sus opciones para lograr la investidura y componer un gobierno viable han disminuido. Alguien podría advertirle que camina de victoria en victoria hacia el desastre final, aunque no creo que alguien en su partido se atreva a decírselo y a invitarle a rectificar.

Pablo Casado ha mejorado en votos y escaños, pero muy poco, insuficiente para casi todo. El agujero por la derecha es un socavón. La advertencia de Aznar: la división lleva a la derrota se ha cumplido y la recomposición llevará tiempo. En nuevo líder no consolida su posición aunque tampoco es probable que vayan a moverle la silla. Su ventaja es que le sobra tiempo.

Albert Rivera es el principal perdedor; de aspirar a encabezar el centroderecha se ha quedado en partido irrelevante que no es ni siquiera bisagra. Será muy difícil que sostenga su liderazgo, la viabilidad de Ciudadanos está en el aire. Ha remitido a un inminente congreso la revisión de la estrategia y del fracasado liderazgo. Durante los dos últimos años ha cometido errores estratégicos graves que tendrá que pagar. Tras sus primeras palabras anoche lo lógico es que hubiera cedido el liderazgo con carácter inmediato. No lo hizo, tendrán que empujarle.

Pablo Iglesias, la otra estrella emergente de estos últimos años, retrocede, pierde siete escaños, pierde votos, y aunque tratará de encarecer su precio para que Sánchez pueda gobernar su estrella es declinante, va a la baja. Y otro tanto para su amigo-adversario Íñigo Errejón que solo obtiene 2 escaños en Madrid (adicional al de Compromis en Valencia). Poca renta que apunta a una reconciliación o a buscar otros socios más poderosos. Sin grupo parlamentario su capacidad es limitada.

Ganadores aparentes son, en primer término, VOX, la derecha dura, la extrema derecha, que obtiene un 15%, 3,6 millones de votos, y 52 escaños (la denostada ley electoral les otorga una rigurosa proporcionalidad). Muchos escaños, pero probablemente inútiles ya que no sirven para gobernar. La dura y prosaica realidad les llevará a constituir un grupo ruidoso, numeroso, pero no decisivo en el Parlamento. Están contra todos, de manera que son ganadores sin posibilidades para imponer políticas.

Ganadores también salen los nacionalistas independentistas vascos y catalanes que mejoran sus posiciones relativas de manera los votos les animan a insistir en estrategias con pocas salidas.

La gobernabilidad sale debilitada; habría que aplicar “pensamiento lateral”, relevos en los liderazgos, pero el modelo es resistente al cambio y al fracaso, de manera que a partir de mañana y a la vista de los primeros discursos el bloqueo puede durar.