Logomaquia y coyuntura económica (crisis, enfriamiento, ralentización…)

Volvemos a la crisis económica, predica la oposición para mortificar al Gobierno. Se trata solo del efecto de crisis externas (Brexit, guerra comercial…) en una economía abierta como la española que va mejor que las otras, tal y como pretenden Pedro Sánchez, Nadia Calviño y demás portavoces socialistas. ¿A quién creer? Sugiero que a ninguno, que sus discursos están preñados de interés electoral, de escaso rigor y de razonamiento muy elemental.

Sobre la coyuntura y las perspectivas económicas estamos sobrados de análisis y comentarios, muchos de ellos bien fundados, otros no tanto, pero que producen un coro de voces que puede convertirse en barullo que incurre en esa logomaquia que utiliza las palabras para confundir más que para aclarar, que no entran en el fondo de los temas.

La abundancia de pronósticos con carácter mensual, trimestral, semestral, anual, con distinto alcanza, con diversidad de recursos y condicionamientos, emitidos por decenas de institutos públicos, privados, académicos, nacionales, internacionales crea un espacio informativo entre líquido y gaseoso. Analizados con detalle todos tienden a lo mismo aunque con distintos sesgos para lograr más o menos audiencia.

Cada nuevo dato o informe (varios al día) conduce a conclusiones a veces demasiado ambiciosas o contundentes que pueden quedar desmentidos al siguiente dato. Por ejemplo los últimos datos de empleo con base a los registros de paro y de afiliación a la Seguridad Social han llevado a conclusiones contradictorias según quien las argumentara. Buenos datos para el Gobierno (crece la afiliación), pésimos para la oposición (aumenta el paro) ¿A quién creer?

El registro de parados es de las distintas referencias sobre el empleo la menos interesante, ya que ni todos los registrados están en paro, ni todos los parados están registrados. De manera que hay que analizarlo por la tendencia y con algunas cautelas. El hecho de que el último día del mes fuera fin de semana acentuó el nº de registros, de manera que había que matizar el dato, desestacionalizarlo. Y el hecho de que el perverso sistema de contratación temporal en la educación, pública y privada, con despidos masivos en julio y contratación en octubre inciden en los datos globales de esos meses. De manera que los datos de octubre hay que gestionarlo con cuidado.

Lo evidente es que todos los indicadores recientes van a menos, que los pronósticos van a menos, que el cuadro previsto por el Gobierno (ajustado con el paso del tiempo) sigue pecando de optimista, sobre todo en el déficit público, que es responsabilidad plena de las Administraciones. Y en ese “ir a menos” los próximos trimestres amenazan estancamiento, también del empleo, cuando no hemos recuperado los niveles previos a la crisis de 2008, ni en cantidad de empleo ni en salarios.

El mayor problema es el déficit de credibilidad de Gobierno y oposición, sin perder de vista a los periodistas y analistas. Los ciudadanos no se fían, perciben que les tratan de engañar o de encubrir la realidad. Y no les falta razón. Sin credibilidad no hay liderazgo, ni confianza y eso significa el fracaso de la política.