La estrella se llama… Abascal-Vox

Del debate electoral de jefes de fila en abril el candidato que más réditos obtuvo fue Pablo Iglesias; su tono moderado, sereno y dialogante dejó en evidencia a los otros tres candidatos-contendientes que pretendieron desdeñar a Iglesias para centrase en sus recíprocas descalificaciones recíprocas, con Sánchez en actitud defensiva. Pablo Iglesias ganó votos aquella noche, los que no ganaron los otros candidatos. El pasado lunes el modelo ha tenido un curioso bis, los contendientes eran cinco y el marginal no era Iglesias sino Abascal (VOX), al que todos trataron de ignorar, especialmente durante la primera mitad del programa.

Abascal fue preparado, ensayado, con sus argumentos afinados para buscar la eficacia de la simplificación que impone la televisión. Ante el silencio y desdén de los otros candidatos Abascal colocó toda la mercancía de VOX, la de la extrema derecha europea, que a lo largo del siglo XXI consigue del orden del 15% de los votos en muchos países dejando en precario a los partidos tradicionales.

Una de las singularidades de la política española, además de la estabilidad, era la ausencia de extremistas, especialmente a la derecha. El PP asimiló ese segmento del electorado hasta que el “procés” catalán y la gestión apaciguadora que hizo Rajoy del problema, quebrantó ese modelo. Los independentistas catalanes han enervado nacionalistas españoles intolerantes e intransigentes que encuentran cobijo en VOX.

De Abascal decían que tenía poco recorrido, que no aguantaba preguntas ni debates. Pero la noche del lunes desmintió esa tesis con rotundidad. Cuando los otros candidatos percibieron que Abascal estaba ganando la partida, especialmente Iglesias y Rivera que iban a contener su retroceso, toparon con un candidato preparado que respondió a las acusaciones de franquista y paniaguado con habilidad inesperada.

Nadie sabe lo que va a pasar el domingo, pero hay coincidencia en que VOX puede ser el partido estrella, el ganador relativo que consolidaría un grupo parlamentario numeroso y ruidoso. En el PP esta posibilidad les está amargando las expectativas de recuperación, incluso ven muy improbable alcanzar el tercer dígito, los cien diputados. Y en el PSOE perciben que VOX también puede complicar la legislatura, además de restarles votantes tradicionales decepcionados, críticos con el sistema.

El lunes nadie rebatió el argumentario de la “extrema derecha” que caló en indecisos a los que nadie aportó razón y datos ciertos. No era improbable la estrategia de Abascal, lo que sorprende es que ni Sánchez, ni Casado asumieran que VOX es un adversario, que sus argumentos fuertes deben ser rebatidos. No se atrevieron o no supieron hacerlo y ahora tendrán que asumir las consecuencias.

CODA: los comentarios de Pedro Sánchez sobre la función de la Fiscalía del Estado y el socorro que atropelladamente le han prestado la vicepresidenta Calvo y el Presidente del Senado son datos relevantes. Van más allá de la “pillada” en un medio o del comentario apresurado que se saca de contexto. Aquí el “contexto” está demasiado claro, estos políticos tienen problemas para entender la democracia, andan mal de lecturas y reflexión, por muy doctores que sean. Son un claro e inquietante ejemplo de “pensamiento desordenado”. Dan la medida del problema. Mucha medida.