El debate y el despilfarro como forma de vida

No pretendo criticar el debate de esta noche entre los cinco cabezas de lista bendecidos (autorizados) por la Junta Electoral Central; más vale que se produzca a que hubiera descarrilado, que a punto estuvo. Y seguramente está bien organizado dadas las exigencias de los partidos que siempre quieren debates… pero a su manera.

Lo que me llama la atención del debate es la desidia frente al gasto, la indiferencia por los costes que forman parte de la forma de ser de los dirigentes políticos, cuyos líderes no se ocupan de las cuentas (temas menores e incómodos) y que gastan con prodigalidad y poco tino. Se trata de una forma de “despilfarro morfológico”, asumido como inevitable o necesario, sin el menor sentido crítico, sin la menor concesión a la ejemplaridad y la austeridad. El problema es que el personal se da cuenta, los ciudadanos perciben ese desdén y reaccionan con desapego, con un escepticismo fatalista. Se llama desencanto cultivado con esmero.

El debate va a costar un mínimo de 750.000€ (IVA incluido) y lo van a pagar los que lo difundan, incluida la TVE que tira con “pólvora del rey”. Es cierto que desde Prado del rey han intentado rebajar la factura, incluso asumir sus costes como internos para reducirlos. Pero el orgullo de unos y otros lo han impedido.

¿Tiene algún sentido que las dos grandes cadenas, pública y privada, RTV y A3Media) que disponen de más de una decena de estudios donde realizar el debate tengan que someterse a un espacio que hay que habilitar con gran despliegue de medios? Los propios partidos, si tuvieran sentido común y decencia, debían haber puesto orden y en vez de exigir tantas condiciones negativas (no preguntas, temarios cerrados…)  habrían impuesto austeridad y mesura.

Las dos grandes cadenas pueden producir con sus medios el debate con un coste real irrelevante, sin despilfarro.; sin tanta liturgia y prosopopeya de recibimientos, despedidas y agasajos, Es obvia que estamos ante un espectáculo que tienen sus requisitos y trivialidades, pero si gastaran de su dinero lo harían de otra manera.

Aunque han recortado gastos y han moderado los despliegues las campañas electorales, más aún cuando son reiterativas, sigue gestionados desde un escandaloso despilfarro en busca de un último voto de coste marginal infinito. En resumen poco sentido común y nula ejemplaridad, y todo ello con naturalidad. como si fuera normal y necesario.