La universidad catalana en su laberinto

Las víctimas colaterales del fracasado “procés” van cobrando piezas con el paso de los días, gestionar la frustración supone entrar en un complicado laberinto. El documento aprobado por el claustro de la universidad de Barcelona y secundado por las demás universidades evidencia unas pretensiones desmesuradas y alejadas de los principios democráticos, del Estado de Derecho y de la separación de poderes que se enseña en todas las universidades.

Que académicos con títulos y obra incurran en tantos disparates, invocando el deber de “no guardar silencio” por parte de la institución universitaria ante la represión resulta asombroso. Por esa misma razón hubieran tenido que pronunciarse ante las leyes (manifiestamente inconstitucionales y nada democráticas) del Parlamento catalán en septiembre de 2017. Entonces callaron y confundieron.

La sentencia del Tribunal Supremo se puede criticar, lo han hecho no pocos expertos en derecho político y penal, se puede defender (son muchos los que los han hecho con carga argumental y doctrinal) pero la descalificación que hace el manifiesto de las universidades catalanas solo merece un suspenso sin laude desde una posición académica.

Exigir la inmediata libertad de los condenados y el sobreseimiento de todos los procedimientos judiciales abiertos coloca a estos gestores universitarios a la altura de los activistas más iletrados e iluminados. Es evidente que las condiciones en las que se aprobó el documento son muy discutibles, la asistencia a los claustros ha sido minoritaria, los silencios impuestos o asumidos ante el debate (¿hubo debate?) es ominoso.

La confrontación entre los estudiantes y profesores que quieren asistir e impartir clases con los insurgentes encapuchados y autoritarios no ha tenido la respuesta debida de las autoridades, convertidas en cobardes cómplices de los violentos. Algún rector ha llegado al paroxismo sosteniendo en público la emoción que le causaba la actitud de los violentos. ¿Es ese el acervo universitario? ¿Cómo es que personas educadas lleguen a semejante disparate? El laberinto en que se extravían las universidades catalanas es un buen ejemplo de los monstruos que produce ese nacionalismo emocional, ofuscado, irracional que se ha impuesto en una buena parte de la sociedad catalana.