La violencia tiene ventajas, dicen los indepes

A lo largo de estos últimos años desde el independentismo catalán han salido comentarios contradictorios, disparatados, oportunistas, fantasiosos… pero pocos tan cínicos como el de la presidenta de la llamada Asamblea Nacional Catalana (de oficio profesora de Universidad) en el sentido de que la violencia callejera tiene sus ventajas, sus cosas buenas, concretadas en la difusión mediática internacional que propicia la internacionalización del conflicto al “hacerlo visible”. Hay que ser tarugo para semejante comentario que confunde el peso y el volumen, el prestigio con la notoriedad. Una difusión como la lograda estos días por los “indepes” puede ser tan intensiva como desastrosa para la pretensión de ejercer una “resistencia civil”, un movimiento pacífico contra un estado opresor. Pero esas son pretensiones vanas, instrumentales, la verdad de fondo es otra.

La frase compite en cinismo con aquella otra que se le escapó a un líder nacionalista vasco que atribuyó a los violentos el símil del que agita el nogal (los terroristas) para que luego vengan otros más listos (los del PNV) para recoger las nueces y las víctimas que se fastidien, mal necesario, mal consentido. El problema de ambas proposiciones es que son sinceras, la del vasco y de la catalana, que dicen lo que de verdad piensan y ponen de evidencia esas obsesiones que ofuscan.

Las afirmaciones (Torra y militantes indepes que intervienen en las televisiones en directo y a pie de calle) de que la violencia es importada, protagonizada por infiltrados del exterior, italianos anarquistas o policías camuflados, carecen de fundamento, de hechos probados (al margen de que algunos violentos europeos de oficio se unen a la fiesta de las barricadas) mientras que las palabras de Elisenda Paluzie (ANC) colocan las cosas en su sitio y por su orden: la violencia viene bien a falta de otra forma de impresionar al público. La peor versión de que el fin justifica los medios.

Una de las mayores frustraciones de los “indepes” es el mínimo eco que sus intenciones tienen en la comunidad internacional, más allá de algunos diputados extremistas, fundamentalmente de la extrema derecha, y algunos otros despistados oportunistas que se arriman a todo aquello que les puede reportar algún viático. Ninguna cancillería les atiende, ningún organismo internacional de fuste les hace caso. Y no puede ser de otra manera ya que el llamado derecho de autodeterminación de Cataluña en infundado y el derecho de decidir es falaz, inconsistente, como lo es la afirmación de Torra “lo volveremos a hacer” (¿qué?)

Hace unos días en La última (“La Contra”) de La Vanguardia un canadiense ilustrado en cuestiones separatistas como Michael Ignatieff dijo claro y por derecho: Ni los indepes tienen mayoría suficiente, ni los países democráticos reconocen sus pretensiones, ni el Reino de España es tan débil como para aceptar una secesión. Solo cabe concluir, Amén. Y tras ese amén se puede empezar a entender que la señora Paluzie caiga en la tentación de asumir que quizá, con un poco de violencia, puede cambiar ese negro panorama para sus pretensiones.