El caso chileno como síntoma

Moisés Naím, fino analista, uno de los columnistas más leídos en español, se preguntan en su último artículo *: ¿Por qué protestan? Y propone una larga lista de motivos que incluyen varias respuestas y algunos diagnósticos. Los “chalecos amarillos” franceses fue un fenómeno inesperado que no estaba en ninguna de las agendas de riesgos previos a su estallido. Y otro tanto para la convulsión chilena que, de momento, ha provocado la caída del gobierno y tiene al presidente Piñera al borde del desahucio del que pretende salvarse arrojando fardos a los perseguidores.

En ambos casos el factor precipitante tuvo con ver con impuestos (sobre el gasóleo o sobre las tarifas de transporte público. ¡Puede ocurrir algo semejante en España? Desde luego que sí, el campo está sembrado pendiente de alguien arrime la cerilla. Al nuevo gobierno le va a tocar, inevitablemente, adoptar medidas impopulares en materia fiscal.

El sistema español de ingresos públicos está muy averiado, las figuras impositivas principales están sobrecalentadas, con demasiado agujeros para en el IRPF como en el IVA. Tampoco goza de buena salud el impuesto de sociedades y los impuestos ecológicos (los llamados verdes), incluidos alcohol y tabaco, andan en pañales o por los suelos.

Que hay que reconstruir todo el sistema fiscal es bastante obvio para todos los que saben algo del mismo. Cuantos intentos, parciales, de reforma se han abordado durante la última década naufragaron por el camino; Montoro que ha sido el superministro de los impuestos se limitó a marear la perdiz al modelo lampedusiano: cambiarlo todo para dejarlo igual (y peor), toqueteó todos los impuestos  sin provocar heridas graves, manteniendo la presión impositiva global por debajo del 40% del PIB, insuficiente para atender los gastos sociales comprometidos pero suficiente para sostener el tinglado.

Lo de Chile, y lo de Francia, y lo de Ecuador... alertan de que medidas aparentemente bien fundadas provocan incendios sociales con consecuencias incalculables y dramáticas. Explicar las decisiones políticas da hoy la medida del talento de los líderes, incluso su propia existencia y desempeño. En España lo sabemos por el caso Zapatero que no supo explicar las medidas que tomó (a la fuerza) y los electores le mandaron a la reserva. El nuevo gobierno que debe salir de las elecciones se va a encontrar con situaciones semejantes, tendrá que adoptar medidas obligatorias poco populares que tendrá que explicar  con inteligencia, un valor que ninguno ha acreditado hasta ahora.

Naím sostiene en su artículo que las protestas inesperadas tienen en su origen al de conspiración, hay indicios suficientes, pro también mucho de contagio y eso no hay quien lo pare, solo se puede prevenir, anticiparse, esmerarse en las explicaciones; también en la ejemplaridad para alcanzar credibilidad.

(*)  https://elpais.com/elpais/2019/10/26/opinion/1572099617_821165.html