Una EPA de principios de la década

La EPA del tercer trimestre (datos recogidos a lo largo del verano pasado) nos devuelve una foto del empleo parecida a la de principios de la década con unos datos esenciales del siguiente tenor: Activos de algo más de 23 millones de personas; ocupados casi 20 millones: parados 3,2 millones, que representan el 14%. Un cuadro que corresponde a un momento de crecimiento económico sostenido, ciclo alcista, que dura seis años y que ha permitido recuperar lo perdidos a los largo de los cinco años de la Gran Recesión, entre 2008 y 2024.

Los datos del trimestre son positivos en cuanto que todos los epígrafes fundamentales, agregados, lo son: más ocupados (400.000 más en el año, 40.000 durante el trimestre); más activos (235.000 en doce meses y 53.000 durante el trimestre); y menos parados (110.000 menos que hace un año y caída de 16.000 el trimestre).

Los datos son inequívocos, el crecimiento de la economía (cuatro décimas durante el trimestre y tasa anual del 2%) se refleja en los datos de empleo que crecen al mismo ritmo sin dejar espacio a mejoras de productividad, lo cual no es ni tranquilizador ni esperanzador para el futuro inmediato. Junto a este dato (baja productividad) el otro aspecto evidente es que el crecimiento económico va a menos, algo que no es nuevo, que los portavoces oficiales denominan “ralentización” y que achacan a fenómenos externos, a una coyuntura internacional preñada de incertidumbres (Brexit, guerras comerciales, estancamiento alemán…).

Todo ello conocido. La incógnita, como siempre, es ¿cómo sigue?, que resultados tendremos este cuarto trimestre que conoceremos a principios de febrero. Los datos del año anterior fueron mediocres porque así suele ocurrir en ese período, pero positivos. Los de este año pueden ser más mediocres. De un ritmo de creación de empleo (ocupados) del orden de medio millón al año durante el último quinquenio (14-18) pasaremos este año a 375.000. Eso se llama desaceleración. La duda es si es una pausa o es tendencia, si lo que ahora se dibuja puede durar y acentuarse con el paso de los meses hasta rozar el estancamiento o la recesión en el horizonte del 2021.

Las previsiones de los organismos internacionales más reputados, que se curan en las cautelas, apuntas más a un crecimiento sostenido (aunque menor) que a una recesión. Confían en que se atenúen las incertidumbres antes apuntadas y que los gobiernos adopten políticas fiscales y estructurales que sustituyan el protagonismo de la política monetaria (ahora casi agotada) durante los últimos años.

La economía española tiene dos obstáculos específicos, particulares, una alta tasa de paro (14%, casi el doble de la media europea) y un nivel de endeudamiento peligroso (100% del PIB) que se resiste a bajar incluso cuando la economía crece al 3%.