Santos Juliá, el papel de los intelectuales

No soy amigo, ni siquiera conocido, al margen de alguna conversación informal en actos públicos, del historiador Santos Juliá, pero su fallecimiento me trae a cuenta del papel de los intelectuales en la formación de la opinión pública y del criterio ciudadano. Tampoco quiero incurrir en el género del obituario que aprecio y que he practicado, que tiene sus reglas y exigencias, pero que ahora no me toca. Habrá muchos artículos en los medios, buenos artículos la mayoría, sobre la extensa e influyente obra de Santos Juliá que he leído desde hace años y de la que he sacado provecho.

Su libro sobre la Transición me parece definitivo, muy recomendable para los que no vivieron aquello. Muchos de los que ahora hablan con tanto desdén como ignorancia sobre aquel acontecimiento deberían leer ese libro antes de hablar tan “a tontas y locas”. Es obvio que quienes quieran acercarse a la figura de Manuel Azaña, además de leer su obra, incluidos los discursos, tiene que atender a los sucesivos trabajos de Santos Juliá para entender al personaje peculiar que fue presidente de la II República. Otro tanto para la Guerra (in)civil sobre la que los libros de Juliá, los cortos divulgativos y los ensayos de más porte, aportan luz y criterio.

Y puestos a señalar les recomiendo uno de sus últimas entregas a las librerías con un título debido a D. Ramón Carande, como Santos advierte en las primeras líneas: “Demasiados retrocesos. España 1898-2018”, editada el pasado marzo en Galaxia Gutenberg, recopilando una docena de textos del autor publicados en libros colectivos y diarios entre 1998 y 2018. Todos esos trabajos son relevantes e ilustrativos y sirven para tratar de entender algunos de los problemas actuales, incluido el caso catalán. Léanlo, les va a interesar.

El fallecimiento de Santos me provoca dos peguntas; ¿por qué han perdido influencia los intelectuales en el devenir político reciente?, ¿por qué han pasado a segundo o tercer plano? El papel de los intelectuales es iluminar, incitar, motivar, orientar. Y buena parte del pensamiento desordenado actual tiene causa de que a los intelectuales más sugerentes les han mandado al trastero, ni los dirigentes del momento les leen, ni les entienden. La segunda pregunta se refiere a la cuestión catalana, ¿cómo explicar que buena parte de los llamados intelectuales catalanes se hayan entregado al procés, al soberanismo, al independentismo con tanto entusiasmo y sometimiento. Recuerdo la foto de la recepción al presidente Artur Mas a la puerta del palacio de la Generalitat a su regreso de su fallida entrevista con Rajoy para reclamar el fuero, un pacto fiscal a la vasca como precio para evitar el viaje a la Ítaca de la independencia. ¡Qué pintaban todos aquellos catedráticos e intelectuales aplaudiendo al dirigente político que venía de negociar!

Leer a Santos Juliá a estas alturas reconforma; lleva a pensar que muchas preguntas sobre problemas actuales están respondidas si se atiende y se entiende la historia reciente que está estudiada, investigada y con conclusiones de historiadores profesionales.