La Sentencia y su primer efecto: euroorden

Había dudas acerca cuál sería el momento para reactivar la orden de detención de los huidos y, muy en concreto, del señor Puigdemont. Quedaron despejadas ya que una vez cumplido el trámite de comunicación de la Sentencia a los condenados, el juez instructor reactivó la euroorden dirigida a las autoridades belgas y a las de otros países, incluida la Interpol. La maquinaria de la justicia funciona con sus tiempos y procedimientos, pero con fatal automatismo.

El instructor retiró la euroorden en su día ante las dificultades de los magistrados alemanes y belgas para entender la dimensión de los cargos y su equivalencia con sus propias normas. Ahora, con una sentencia de casi 500 folios donde se desgranan hechos probados, fundamentos de derecho y figuras penales concretas para llegar a un fallo claro y preciso, el mecanismo de la detención y entrega de los procesados huidos tiene más fundamento y justificación.

Las opiniones sobre la sentencia son diversas, la mayoría previsibles. Algunos muestran su disgusto porque los jueces no han hecho lo que hubiera hecho cada comentarista (entre más penas y absolución) que es una forma de acercase al caso que va de inútil a capciosa. La sentencia, y su extensa literatura y doctrina que tendrán consecuencias para otros procesos en curso, es la que es y es lo que cuenta.

Intentar tumbar los efectos de la sentencia mediante presión callejera forma parte de la estrategia independentista pero tiene pocas posibilidades de éxito, más bien añade riesgos de descontrol con consecuencias incalculables, incluida la decepción de esas bases a las que se prometió Ítaca, sin tener en cuenta que ese destino no existe. La estrategia definida hace unos días por el huido Comín de agotar a los españoles, desgastar el reino de España hasta el aburrimiento y la rendición forma parte de las declaraciones estúpidas que acompañan este proceso. Hace dos años la expectativa indepe era que la subida de la prima de riesgo y la presión de la Unión Europea habilitaría la independencia. Otra estupidez ya acreditada.

Como la sentencia es firme, al margen de unos recursos al Constitucional y a Europa con poco recorrido, otro efecto de la misma es que los dos partidos independentistas afectados tendrá que rehacer las listas electorales para el próximo 10 de noviembre, ya que no pueden figurar en ellas condenados que pierden su derecho político a ser elegido para un cargo público y a las ventajas que supone.

El independentismo no dará marcha atrás, ni reconocerá en público sus errores de manera que se instalará en las callas por tiempo indefinido, hasta que se aburran ellos, que no los demás que lo ven con disgusto, distancia y pesar, especialmente los que viven en Cataluña y sufren los trastornos que producen los revoltosos. El “proceso catalán” se enquistará, con idas y venidos, inflamaciones y deshinchamientos a medida que pasen los días y las semanas. De momento la euroorden de detención está en marcha y Puigdemont tendrá que ocuparse de su futuro.