El caso Noelia Posse (Móstoles) como síntoma

Los días de Noelia Posse como alcaldesa de Móstoles están contados, muy pocos. Pero su trayectoria, especialmente la última peripecia es significativa del déficit de democracia y decencia en la política, más en concreto en los aparatos de los partidos. En este caso del PSOE.

El “caso Posse” empieza en cuanto a dimensión público el pasado julio, cuando una de las primeras disposiciones del consistorio de Móstoles aprueba la subida de sueldo de alcaldesa y concejales, de todos ellos y con aprobación de todos los partidos. La alcaldesa pasa de 70.000 a 82.000 euros al año. No fue el único ayuntamiento que hizo algo semejante. El segundo acto del drama vino con una batería de nombramientos (designaciones) municipales decididos por la alcaldesa en función de sus facultades discrecionales, en favor de parientes y amigos. A eso se llama nepotismo y está reñido con la democracia y la decencia. También con el código ético del PSOE y de otros partidos.

La alcaldesa se ha resistido como gato panza arriba a asumir la responsabilidad de sus decisiones y, empujada, arrastrada, por algunos de sus compañeros de partido y la opinión pública ha aceptado pedir la suspensión de militancia en el PSOE pero sin ceder el acta y el cargo. Retirarla de la alcaldía contra su voluntad requiere una moción de censura, que ya está en curso. El equilibrio de fuerzas está 14 a 13; catorce para la izquierda (10 PSOE, 2 Podemos y 2 Más Madrid) frente a trece de PP. Ciudadanos y Vox. El voto de Posse y de sus amigos (varios en la lista socialista) es determinante. La negociación entre los dirigentes del partido y la señora Posse quizá la conozcamos algún día, será muy ilustrativa.

Los antecedentes de la alcaldesa son interesantes. Nacida en Móstoles hace 41 tiene estudios de servicios sociales aunque su dedicación ha sido política. Una carrera típica de “aparato”, juventudes socialistas, llegó a presidir la agrupación de Móstoles (2001-11), concejal en la oposición de 2003 a 2011. Vuelve al Ayuntamiento como concejal el 2015 con cargo (Obras e infraestructuras) para conspirar contra el alcalde de su partido (David Lucas) al que consigue aburrir hasta su dimisión por “motivos personales” (estaba harto de soportar el fuego amigo).

Noelia Posse escala a la alcaldía en febrero de 2018 y se consolida en el cargo tras las elecciones de mayo a las que presenta una lista muy renovada, muy “sanchista”, muy oficial y un tanto arrogante. Personas que conocen a la señora Posse dicen que es “soberbia, infantil y autoritaria”. Que se ha rodeado de amigos muy leales que la hacen poco accesible y muy audaz, que hace lo que le parece y que cuenta con apoyos en Moncloa y en la FSM.

El pliego de cargos que ha acumulado estas últimas semanas es tan abrumador que su caída es inevitable. Lo llamativo es que con los antecedentes el PSOE sea tan medroso, tan prudente, tan cauteloso a la hora de repudiar a su nada ejemplar compañera. ¿Se imaginan lo que hubieran dicho si el protagonista fuera alguien de la oposición? Vale la frase evangélica de la viga en el ojo propio y la paja en el ajeno.

El “caso Posse” es uno más en la fecunda relación de abusos nacidos de la arrogancia de los “militantes de aparato” que viven del partido, pero no para la ciudadanía. En una coyuntura tan exigente como la actual, la renuencia de los socialistas (desde Moncloa a Ferraz) a la hora de extrañar, apartar, denunciar a su indeseable alcaldesa dice bastante sobre el compromiso (escaso) contra la corrupción.

Un dato adicional, la señora Posse es funcionaria del Ayuntamiento de Móstoles, albañil de su departamento de obras (aunque no hay noticia de que haya ejercido como tal), desde 2001, cuando ganó el puesto 26 de 27 en un concurso para proveer empleos fijos municipales (albañiles, barrenderos…). El concurso lo presidió un compañero y amigo del partido. Los antecedentes no pueden ser más desoladores, que la señora Posse piense que no ha cometido irregularidad, forma parte de su forma de comportarse y entender la política y la vida. En resumen una trepa sin vergüenza.