Orden de factores de la guerra arancelaria

El miércoles las bolsas de todo el mundo cotizaron a la baja, en torno al 3% (que es mucho pero que no significa hundimiento ni catástrofe) entre otras razones (hubo varias y simultaneas) porque uno de los índices de manufacturas USA salió peor de lo esperado. Son demasiados índices los que inciden en el ánimo de los inversores (personas físicas y ordenadores) y empujan las ventas y las compras pero no conviene tomar un sesgo como una tendencia y un dato como una conclusión terminante. Curioso que a los tres años de Presidencia Trump, que prometió “América industrial, protección a las fábricas y manufacturas…” estas sigan con tendencia a la baja. Toda la batería (verbal) proteccionista de Trump es inútil hasta ahora para animar las industrias locales.

En ese contexto ha sido una resolución de la OMC que da la razón a los norteamericanos en el expediente de competencia desleal (subvenciones de estado) en el sector aeronáutico con dos competidores principales (Boeing y Airbus) la que provoca la fiebre arancelaria de estos días. Para castigar a los europeos por subvencionar aviones la respuesta norteamericana es una batería de aranceles sobre vinos, aceite y otros productos europeos, por tanto españoles. Es obvio que se trata de un movimiento para negociar, que es lo que deben hacer los europeos.

 

Puede que el arancel castigue a los vinos y aceites españoles pero conviene ordenar los datos ya que entre los castigados están los consumidores norteamericanos que compran los vinos y aceites que más les convienen; el arancel castiga al exportador y al importador, ambos tendrá que digerir el impuesto (el arancel es un impuesto) en función de su interés. Los consumidores norteamericanos que quieren vinos y aceite español tienen que saber que quien encarece es su presidente, que quiere llevarse un pellizco. Sin perder de vista que si no hay exportación el arancel no existe, el gozo del que impone aranceles se irá al pozo y a la nada.

¿Pueden los consumidores norteamericanos desplazar su consumo a otros vinos no europeos exentos de arancel? Quizá sí, o quizá no, depende de la calidad, el precio, la oportunidad. Es obvio que el arancel hace la pascua a todos en beneficios de muy pocos, quizá ninguno. Así es la vida y los empresarios saben que existe el riesgo de la avaricia del Estado. Los exportadores españoles han consolidado su actividad durante los últimos años, no serán desplazados por manotazos coyunturales, muchos sabrán adaptarse y otros buscaran mercados alternativos.

Estas medidas arancelarias no son tan decisivas como algunos suponen, quizá por inexperiencia y porque no han preguntado lo suficiente. Las cadenas causales no son tan mecánicas y fatales como algunos imaginan. Los hechos económicos y empresariales son más complejos de lo que algunos imaginan, conviene verlos en su desarrollo efectivo antes de establecer las consecuencias.

Las guerras comerciales y arancelarias son malas, producen más males que bienes, pero hay que librarlas con inteligencia. En el caso de hoy el primer aliado de los exportadores españoles deben ser los consumidores norteamericanos, castigados por su gobierno sin que sus proveedores sean responsables del hecho causal.